Atravesado por la flecha / Luís Durán. — Astiberri, 2002. – 96 p. : b. y n.

Portada del comic Atravesado por la flecha

Hoy voy a confesarme con vosotros, compañeros ciberespaciales: tengo un serio problema de indecisión.  Cuando voy a un restaurante, ¿no os sucede que os dejáis las pupilas por los platos escrutando con toda la discrección posible aquel que resulta más apetecible aunque no sea lo que más os gusta? Yo sí.  Soy incorregible, me sucede hasta en la bocatería más famosa de Pontevedra.  El caso es que de la misma forma, cuando voy a una librería o tienda especializada en cómics, lo primero que seleccionan mis manos suele ser lo que el ojo ordena, subyugado por las atractivas ilustraciones de las cubiertas. Una vez constatado que lo que he elegido de esta forma tan risueña me gusta para compartir con los usuarios de la biblioteca, reviso lo que a simple vista parece menos exquisito y hay que catar para comprobar su sabor.

Esto fue lo que me sucedió con “Atravesado por la flecha” . Vi, dudé, probé y me resultó tan delicioso que tiempo después todavía recuerdo la sensación única que provocó en mi la primera lectura. Por ello quiero compartir con vosotros este cómic que no es novedad, ni lo ha sido desde que Pandora abrió una caja e involuntariamente nos legó la esperanza.

El argumento es una vianda ligera y sabrosa: El  diestro soldado Bernard combate en una guerra que se libra para defender los intereses de los reyes sin tener en cuenta el de los peones, quienes que de verdad la juegan y la sufren. Cuando cae (pseudo) herido de muerte en la batalla, decide abandonar la lucha para convertirse en un fugitivo que busca su victoria personal: encontrar su Costa Mágica en la tierra, una suerte de Campos Elíseos a esta orilla del Leteo. Y en su viaje se tropieza con personas que cuando ya no esperan depositan su fe en Bernard, la personificación de la esperanza.

En cuanto al dibujo,  que no os desmotive.  Al autor se le ha criticado su forma de expresión gráfica pero para mi, Luís Durán, presenta una textura deliciosa en un plato aparentemente casero, donde cada bocado se convierte en una explosión de calorías para el alma.  Y digo esto porque la sencillez de los dibujos de este artista se acopla perfectamente a la calidez de la trama.  Pienso que en esta obra lo importante es lo que se lee, pero la inocencia de las ilustraciones se va grabando poco a poco en el cerebro, lo que las hace perfectas para poder rescatarlas en los pensamientos que acunan la mente antes de dormir.  Así, despierta y en sueños, he seguido al joven guerrero en su epopeya con la ilusión de que llegase a la onírica tierra prometida , quizá porque yo también creo en mi “Tanelorn” personal.

En fin, compañeros virtuales, si habéis perseguido alguna vez un ideal, aunque sea una calabaza o una zapatilla , vibraréis con esta historia.

Fátima Elías

 

PD. Bernard, te encontraré, e iré contigo.

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