Un poco de humo azul

Un poco de humo azul / Pellejero, Rubén ; Lapiere. — Glénat, 2002. — 80 p.; 32 cm

Es un melancólico humo azul el que se escapa de la boca de la pelirroja Laura, que fuma y recuerda, pues cada calada evoca el tiempo en el que conoció el amor. Quizá también ese humo se evapore de la boca de Tristán Corbière, que con suerte fumará los cigarrillos húmedos que Laura le envía, pues en un país anónimo que puede asociarse a cualquiera de los ex países comunistas de la Europa del Este, el papel de un cigarrillo es la única forma de comunicación entre Laura y el  hombre al que ama.

Porque cada día, por delante del hostal donde trabaja Laura, pasa el camión que lleva a los presos hacia el cuartel militar. Para las mujeres es la única ocasión de divisar a sus hijos, maridos, amantes.  Laura aguarda con ellas, esperando encontrar a su amor en la mirada de todos estos hombres que pasan. Y todos los días la misma rutina, hasta que se presenta en el hostal Ludvik, hombre de aspecto desafiante, titular de un rostro de mirada dura y labios hambrientos.

Es una extraña situación para enamorarse, así que no es hasta que el régimen se derrumba cuando se descubren. Viven su apasionado  idilio en la capital hasta que Ludvik  se siente torturado por los demonios del pasado. El joven autor de piezas de teatro no se recupera de su experiencia en el cuartel. En su tormento deja a Laura, y huye  para ajustar cuentas con sus verdugos. Y Laura, desesperada, regresa al hostal que regenta su madre y aguarda sin esperar nada, despidiéndose de la felicidad pasada en cada palabra que narra a un viajero, un hombre que recorre el país armado con su cámara de fotos y su mochila roja.

El cómic se mece con dulzura entre dos niveles: el pasado de Laura, evocado en rabiosos golpes de flashbacks, y por otra parte, la relación que se establece entre Laura y el viajero, una correspondencia que permite el diálogo y la confesión entre una mujer desesperada y un caminante en busca de instantáneas de vida. La construcción añade fuerza a la acción, ya de por sí  dramática. Viñeta a viñeta nos dejamos seducir por la intriga, que nos turba por su emoción.  

El contexto político de la obra es fundamental para poder explicar la situación de los protagonistas, pero además enriquece el argumento porque se mezclan los destinos individuales con el sino universal del pueblo. Y es que el cómic tiene un alcance político importante. En él se denuncia la tortura y la dictadura a través de las vivencias de sus personajes, los que la sufren, y no mediante la cruda descripción del horror.

El dibujo es fabuloso, comparable a un guión cinematográfico estudiado al milímetro. Moviéndose entre gruesos planos y vistas panorámicas, del detalle de las caras a la precisión de los decorados,  Rubén Pellejero muestra su talento plasmando la multiplicidad de las situaciones, lugares y sentimientos. Los colores delimitan y subrayan los distintos ambientes: la opacidad de los lugares cerrados, el negro azulado de las escenas nocturnas, el verde exuberante de la naturaleza, el color amarillento de las luces naturales y el ocre de las artificiales, el calor de los interiores versus el frío exterior.  Y peregrinando entre las escenas, el rojo sangre  de la mochila, la pieza principal de la historia, de donde todo sale  y a donde todo regresa.

“Un poco de humo azul” es una irrupción de pureza, de belleza, una paleta de emociones que tocan de lleno el corazón. Espero que disfrutéis de estas ochenta y ocho páginas, donde  esta obra de arte se vuelve novela, película, pintura y melodía.

Fátima Elías es la autora de esta cadencia.

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