FragileEl sol se ponía, y su brazo se doraba confundiéndose con la cerveza que burbujeaba en la copa. Metales preciosos que beber y que… comer. Para mi estupor, un apetito de amor antropófago me atenazó las vísceras y quise catar el sabor de su carne con la desesperación de una zombie escapada de una película de serie B.  En ese instante, supe cuál sería mi próxima reseña.

Porque…  ¿ Y si la única que pudiese unirte a álguien fuese la Muerte?

Cuando leí el argumento de Fragile, no tuve por menos que llevarme el cómic. Zombies y amor, qué extraña combinación si los que se aman no son los vivos que huyen de la infame metástasis. Pero en la Nueva York que describen las viñetas, los zombies tienen conciencia después de que un  científico, buscando el elixir de la vida eterna, crease un virus que dota a los cadáveres de una existencia donde los recuerdos y el cuerpo se descomponen lentamente. Estos “pseudodifuntos” tienen la certeza de haber sido personas y se aferran a este hecho intentando mantener el rol que han llevado en vida, pero para incrementar su angustia acuden a su caza los “plaguicidas”, zombies a sueldo contratados por los humanos. Ante esta desoladora perspectiva, donde los fugitivos están marcados por la fecha de caducidad,  solamente la aparición del amor puede paliar la agonía de saberse vivo sin estarlo. (Aunque, paradójicamente, a veces uno cree que está vivo hasta que se enamora).

Si bien es cierto que el tema de los zombies tiene un público determinado que puede limitar este cómic hacia un determinado lector, os lo recomiendo fervientemente.  No penséis sólo en escenas atroces, vísceras y sangre, porque las hay, sí, pero sin duda la ilustración tiende hacia el humor. Si en un principio ver un zombie arrastrándose sobre su tronco puede resultar grotesco, a medida que la obra avanza cada uno de estos seres insólitos es susceptible de arrancarnos una sonrisa. Es ahí donde reside el  encanto que Raffaele supo plasmar: en la conjugación del humor, amor, gore y acción en este cómic a lo road movie necrorromántica. A ver si la descubre el señor G. Romero y nos deleita con una sus geniales visiones del género.

Sí, estábamos desesperados, pero estábamos juntos. En este universo de muerte donde el amor era sólo una palabra obscena , ninguno de los dos podría haber soportado la soledad ni un segundo más.

Fátima Elías
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