Lanfeust

Lanfeust de Troy. / Arleston ; Tarquin. — Barcelona : Devir Iberia, 2003-2004

Hoy no me voy detener en contar pinceladas acerca de mis recuerdos porque tengo una epopeya que alabar. Así que comienzo la crítica a machete, uno que podría ser fabricado por Lanfeust, un joven herrero que como todos los habitantes de Troy nace con un poder único, en su caso, derretir el metal con la mirada. Prometido a C´Ian, la hija del sabio de su pueblo, el destino de Lanfeust se augura sencillo y pleno.

Pero la vida nos sorprende detrás de cualquier esquina, y un sombrío día el joven partirá a batallar contra un tirano. Le acompañará la segunda hija de Nicolede, Cixi, temperamental como una tormenta, y también Hébus, la fuerza bruta de esta pintoresca compañía, un troll domesticado mediante un sortilegio temporal. Se embarcarán así en una aventura, de la que se desconoce el tiempo y el final, que los llevará a recorrer Troy en busca del Magohamoth, una criatura mítica de la que cuenta la leyenda que su cuerno otorga todos los poderes de Troy, por tanto la única posibilidad de vencer al vil Thanos.

El universo creado para esta saga es un auténtico espectáculo. Troy no se desglosa en lugares perdidos en el tiempo y el espacio, sino que se contempla como una fusión geográfica que se va desplegando de manera coherente. Los autores crearon un mundo inmenso y los personajes visitarán múltiples continentes, encontrarán coloridos y humorísticos personajes y pernoctarán en ciudades a cada cual más fantástica. Eso sin contar las macabras e imposibles criaturas contra las que tendrán que luchar. El guión avanza con un ritmo desenfrenado. Tomo a tomo, Arleston gana confianza y la serie en osadía. “Lanfeust de Troy” se transforma en una delirante y vertiginosa montaña rusa que frena en seco para que corramos tras el corazón en un final apoteósico, seguida por un epílogo turbador que nos arranca una última sonrisa.

Incidiendo un poco más en el argumento, la única mota de polvo que lo empaña es que los personajes no tienen una historia que los respalda. A esto se le añaden unos cuantos estereotipos que se van diluyendo a medida que transcurre la historia, y así por ejemplo, el personaje de la sexy pero trivial Cixi gana en profundidad. Y el aparente secundario Hébus se revela como una suerte de médium humorístico que desmonta hordas de bizarros enemigos ( Y qué lujo de batallas, amigos fancomiqueros, qué despliegue de porrazos).

En cuanto al dibujo, la evolución es todavía más fulgurante. En un principio, creó Tarquin un universo de caras toscas, volúmenes cambiantes y escenarios medianamente detallados. Pero a medida que acompañamos a los héroes en su periplo, las líneas mejoran, los decorados son más completos y sobre todo, observamos que de Tarquin emerge un verdadero estilo personal. Harán falta varios tomos hasta comprobar de que la pieza en bruto se convierte en joya, pero el progreso en su pulido se aprecia gradualmente hasta el placer visual del último tomo. No sólo de fantasía vive la odisea de Lanfeust de Troy. En la estantería de la biblioteca escucharéis la vibración de una serie que surte épica, humor y heavy metal.

Fátima Elías Busto

Anuncios