Volátil
/ Luis Durán. — Alicante : Edicions de Ponent, D.L. 2007. — 245 p. ; 27 cm

O cómo se constata  el “anima mundi”  en 248 páginas

De la misma manera que podría hacerlo el ficticio John Keating (oh, capitán, mi capitán), el profesor Patrick despide a sus alumnos con un poema. Pero no de Withman, sino de Poe. En concreto, con su más celebrada creación por encima de novelas y cuentos: “El Cuervo”, reconocida elegía que lamenta el fallecimiento de la mujer amada y que vomita dolor sobre la sombra que acompaña a los hombres en las horas inciertas.

Cuando el estudiante Tobías sale de esta última clase, motivado por las palabras del profesor, proyecta escribir un libro. Es precisamente en esas vacaciones, las que arrancan a la mayoría de los estudiantes de los brazos de Morfeo para abofetearlos con  la verdad de la vida, cuando una estela rúnica dedicada a un vikingo de nombre “Audum” le inspira el argumento de su primera obra. Así, Audum cobra vida y se convierte en un personaje más, su historia dentro de la historia transforma a Tobías a medida que como autor genera las ficticias huellas del héroe. Y nosotros nos convertimos en partícipes del cambio, sedientos de cuentos y de palabras, aprendiendo de manera imperceptible.

El dibujo mantiene el estilo propio que el autor perfecciona en cada tebeo, las ilustraciones en B/N se convierten en  filigranas que hay que desgranar, festejar, acariciar.

En el crisol de estas viñetas Luís Durán nos ofrece la mezcla perfecta entre Poe, los mitos griegos, la  transmutación, la tradición vikinga, Andersen y la superstición popular. Cada capítulo es una puerta abierta por la que nos escabullimos a dimensiones inesperadas: podemos emocionarnos con las vivencias de Audum, asimilar las enseñanzas de Ariadna, tía y mentora de Tobías/Teseo, penar con el descendiente de  Caronte mientras rema pesadamente por el Leteo, maravillarnos con las almas que huyen de sus celdas, botellas hechizadas.

De dónde recibe Luís el Awen o Inspiración, lo ignoro, pero sí aprecio el hecho de que cada nueva composición es una superación de la anterior. Si bien el  tema sigue versando sobre los caminos iniciáticos, cada trama es una vuelta de tuerca, una nueva opción en la búsqueda de la propia identidad. Todo ello, aderezado con la delicadeza, emotividad y romanticismo que el alquimista Durán plasma en cada opus, un  peldaño más que lo encumbra hacia un lugar privilegiado en la “Gran Obra” del universo del cómic.

Fátima E. Busto
Valkiria de Elviña
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