Aquí un bibliotecario apurado. En medio de una biblioteca a punto de despegar (Ágora). Y con un montón de quehaceres pendientes. Y de pronto todo esto se ve recompensado por encontrarse pequeñas joyitas que te encuentras ordenando…

Y mira por dónde el momento de recompensa de estas semanas llegó de la mano de Ciudad de Cristal. Originariamente esto era una obra de Paul Auster, autor al que aborrecía de mi temporada trabajando en una tienda de libros y que consideraba de lo más insufrible por su capacidad de generar volúmenes y volúmenes que había que alfabetizar día tras día… Pero cual es mi sorpresa cuando descubro que el mismo autor que aborrezco se marca un libraco como Tombuctú (y aquí dejo caer una recomendación no de cómic), poniéndose en la piel de un chucho que no quiere aceptar las imposiciones del género humano que desahucia  a todo aquel ser que no tenga capacidad de ser cuidado bajo la mano paternalista del “hombre”…puajh!

Desde entonces profeso una ferviente admiración a Auster y ante una obra como esta, me sentí inquieto por conocerla y no haberla probado aún. Pues bien, si quereis reflexionar sobre los límites de la literatura, los límites del cómic, y sus posibles puntos de encuentro, entonces, nada mejor que esto para hacerse una idea de dónde pueden estar esos puntos comunes. ¿Quién ha dicho que no se pueda teorizar sobre el lenguaje y la filosofía de la literatura desde dentro de un formato diferente? Esto es un ejercicio de gramática generativa en estado puro chavalada!

La historia, una confusión, una investigación, un alter ego del autor convertido en detective, una reflexión obsesiva sobre la capacidad de la palabra y la creación y destrucción del mundo, y un ascenso a los cielos y descenso a los infiernos de las miserias propias en poco más de 45 minutos de lectura-degustación.

Delicioso, sofisticado y elegante. Queda incluso de cultureta recomendarlo, pero esto es la leche, y lo teneis a vuestra disposición en vuestra biblioteca municipal más cercana. No sé a qué esperais!

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