Esta no es la historia de Judith, son cuatro años en la vida de  Elodie Durand, cuatro largos años vividos entre paréntesis donde deja constancia de quién es frente a su enfermedad, como una Robinsona que lucha por mantener la lucidez en un mundo de desamparo.

Cada viñeta es un retazo de vida congelado, parece que tanto para dejar constancia de ese período doloroso que afectó a su vida y a la de sus familiares  como para extraer de esos retazos de la memoria  sentido y sentimiento.

La narración se inicia con la aparición de los primeros síntomas: malestar, pérdida  de control, lápsos de memoria, convulsiones…  pero Judith/Elodie no es consciente de ellos, es la angustiada familia la que se lo hace saber. Cuando el  neurólogo le diagnostica epilepsia, el gran mal ya descrito magistralmente en el tebeo de  David B, la sorpresa para Judith es mayúscula .

Iniciado ya el tratamiento le descubren un pequeño tumor en el cerebro, inoperable, que seguramente sea la causa de sus crisis y que agrava la enfermedad. Judith duerme mucho, se olvida de los números, debe volver a aprender a hablar, a entender los gestos de la vida cotidiana. Pero todo esto es como un sueño, algo que no puede pasarle a Judith en las puertas de su veintena, a una chica que siempre le tuvo más miedo a la enfermedad que a la muerte, a verse encerrada en un cuerpo degradado y ser un lastre para su familia.

La ilustración se desgrana al tiempo que la narración. Con un toque naif el diseño evoluciona a la par que la enfermedad de Judith y del momento vivido. Así, puede ser áspera o calmada y suave. En otras ocasiones el trazo se vuelve misterioso, especialmente cuando nos enfrentamos a los dibujos reales que Elodie/Judith realizó en ese paréntesis; trazos rápidos, a menudo violentos ,  impactantes para un espectador que no termina el cómic con angustia debido al toque optimista que revolotea entre las páginas: es la Elodie que resucita entre viñetas, la Elodie “de antes”…

No es un tema que desconozca porque he leído otra saga que me ha desvelado en qué consiste este drama, pero no bajo el punto de vista de la propia víctima. El tebeo se lee como un desahogo valiente pero necesario para la protagonista, que quiere dejar constancia como testimonio y como terapia. Las viñetas anhelan llenar el vacío del olvido cotidiano y hacernos partícipes de qué es la epilepsia y cómo la viven los afectados y sus familiares.

En resumen: la honestidad y sencillez de la historia atrapa, inspira y conmueve.  Apto para hipocondríacos.

El paréntesis/ Élodie Durand ; [traducción, María Serna]. — Madrid : Sinsentido, D.L. 2011. — 221 p. : principalmente il. ; 23 cm.