Portada del cómic Maus de Art Spiegelman

Esta tarde, en la nueva sesión del club de lectura de cómics, hablaremos sobre uno de los tebeos más influyentes y más laureados de la historia de las viñetas; Maus, de Art Spiegelman. Con él, daremos el pistoletazo de salida a la publicación de un post mensual en el que se reseñará, desde un punto de vista crítico, analítico y objetivo, la obra que está siendo leída por el club en ese momento.

Dado el carácter universal de Maus, es muy dificil ofrecer un punto de vista diferente a la infinidad de reseñas que podéis leer en los miles de blogs y páginas web que decidieron hacer un hueco a esta obra. Cada vez que hablamos del ascenso de Hitler al poder nos vienen a la mente las mismas cosas: el hambre, la miseria y  la desesperación. Si escuchamos la palabra Holocausto, enseguida vienen a nuestra mente los campos de concentración y cámaras de gas. La segunda guerra mundial es muerte, muerte y más muerte. Pero, ¿no estaremos desvirtuando años de historia precisamente por generalizar una guerra?, ¿Podremos llegar alguna vez si quiera a imaginarnos el verdadero sufrimiento al que cada uno, de esos millones de Judíos asesinados a manos del ejército alemán, se tuvo que enfrentar?. La respuesta es no. Pero sí que podemos, a través de las palabras de Vladek  Spiegelman, observar el horror de ser uno de los “afortunados” de librarse de las garras de Auswitch.

Maus no habla de la Segunda Guerra Mundial, sino que el autor utiliza esta como marco para, a modo de autoterapia, reconciliarse con sus monstruos. Olvidémonos por primera vez de los animales antropomórficos,  de la guerra, de la muerte… y centrémonos en lo que verdaderamente nos cuenta Artie: El poder del recuerdo. Un poder que como un punzón de hielo va dañando y a la vez forjando una personalidad que se va dilucidando a través de las experiencias traumáticas experimentadas por su familia.

La relación de distancia con un padre demasiado severo que solo intentaba enseñarle a ser fuerte, “No me quería asemejar en nada a él. Me hice artista porque le parecía algo inútil”; la rivalidad absurda con un hermano, asesinado por su tía Tosha, al que nunca conoció, “A veces me sentía estúpido por tener que competir con una fotografía”; el suicidio de su madre cuando él tenía 19 años, “He tenido 4 ofertas serias para adaptar el libro a la televisión. Mi madre se suicidó en Mayo de 1968 sin dejar una nota”… muestran de una manera, casi exhibicionista, el porqué de un autor que utiliza su vida para mostrarnos la paradoja de sobrevivir a la muerte.

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