Como siempre, cocinada a fuego lento, viene la reseña del libro que diseccionaremos esta tarde en el Club de Lectura de Cómics. Una historia tan sabrosa como su propio nombre; Pollo con ciruelas. Un tebeo deliciosamente escrito y dibujado por Marjane Satrapi que es, en mi humilde opinión, su mejor obra.

Si echamos un vistazo a ésta, vemos que la fórmula Satrapi siempre se repite: Un marcado carácter autobiográfico que tiene como telón de fondo el pasado, presente y futuro del conflicto de su país; analizando este desde dentro y reflejando el conflicto armado como lucha social. Un Irán dividido ideológicamente por los derechos sociales de la mujer en donde queda patente la crueldad, la dureza, el hastío y el desespero de vivir (socialmente) anclado en el pasado.

Puede que, después de leer la obra que nos ocupa, nos quedemos en la trágica a la vez que poética historia de amor que Satrapi entreteje hábilmente en una sucesión circular de viñetas que nos deja con el corazón en el puño; pero… ¿qué esconde la autora tras esta brillante descripción de la angustia humana?. ¿Serán esta desesperación, esta tristeza y esta pérdida de ilusión las mismas que vive su país natal?.

Como buena cocinera de historias que es; Satrapi utiliza el título del libro para ponernos en sobreaviso de que aquí lo importante son los ingredientes. La comida favorita de Nasser Ali, el hermano del abuelo de la autora, se convierte así en el pretexto perfecto para presentarnos “de pasada” la situación de la capital de Irán años antes del conflicto armado con Irak.

La figura de la mujer, la lucha de clases, la emigración, la religión… son los ingredientes que refuerzan el pensamiento nihilista de un personaje que conserva, partido en dos, un tar tan destrozado como su corazón. Al igual que pasa con su país, Nasser, incapaz de seguir adelante, decide esperar a que la muerte se lo lleve mientras entre ensoñaciones, flashbacks, flashforwards e historias tradicionales, intenta poner en orden una vida marcada por la música y el desamor. Ocho días tardará Azrael en aliviar su sufrimiento. Ocho días plasmados en unas viñetas que, de manera esquemática y en apariencia sencilla, como el blanco y negro que las envuelve, reescribirán el porqué de su decisión.

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