Cuando el jefe me informó de que había una partidilla de dinero para tebeos,  fuí así de feliz a la librería especializada :

Por supuesto ya llevaba una lista de cómics chulos a comprar, pero siempre dejo un fondo para esos que me enamoran en las estanterías y para los que los amables chicos de la tienda me recomiendan con tanto fervor como yo escucho. Y esta vez, entre otras cositas de las que me encapriché, cayó un manga muy bien editado (cubiertas satinadas a mí, que soy doña Urraca) y de un título tan sorprendente como “Las vacaciones de Jesús y Buda”. A ver en qué diablos estaba pensando el autor para escribir eso.

Pues resulta que es un seinen muy divertido que trata  las andanzas terráqueas de Jesucristo y de Siddhartha. Como soy una persona sincrética (otros me dicen que con mucha cara dura) controlo bastante de una y otra religión, pero no hace falta saber mucho para disfrutar de este manga que se inicia con la celebración del nuevo milenio. Jesús y Buda deciden celebrar la ocasión y tomarse unas vacaciones en Japón. Alquilan un apartamento e intentan ocultar sus identidades. De unir a estos dioses en  la cotidianía de Japón resultan escenas deliciosamente disparatadas.

Jesus y Buda

A Jesús le es más fácil ir de chico normal, pese a que su emblemática corona de espinas florece cuando es feliz , su aureola brilla y se pone a realizar milagros de forma incontrolable. Pero sus verdaderos problemas radican en que se vuelve un fan de las compras, así que a  Buda le toca hacer de Pepito grillo y siempre está recriminándole que si dilapida el dinero no podrán pagarse el alquiler.  Otro hit en las aventuras terrestres de Jesús  es que se queda fascinado con las tecnologías. De hecho se hace un blog y triunfa en la red porque  Jesús siempre fue un sol con sus seguidores , los de antaño y los de ahora…  hasta con Judas, que sigue por ahí dando la lata. Por su parte, Buda es el serio, ahorrador y responsable del dúo. Tiene menos problemas que Jesús para controlarse, pero le incomoda su peinado y sus lóbulos de las orejas,  extremadamente largos. Es sencillo, humilde y risueño. Cuando le toca una estatua de sí mismo en un concurso,  lejos de hacerle ilusión que la gente lo admire,  la usa como mueble.  De hecho es tan majete que le incomoda reconocerse en ídolos de piedra …

Entre las anécdotas graciosas que se generan en el seinen, me resultó muy divertido el que cuando están en un aprieto, los animales del mundo hacen piña para protegerlos. O que cuando Juan Bautista va a “rebautizar” a Jesús, este se niega a meter la cabeza en el agua porque tiene miedo de ahogarse. Por cierto, descubrimos que Jesús caminó sobre las aguas no para chulear sino porque.. no sabía nadar.

A medida que iba reseñando este seinen pensaba que sí, que lo recomiento muchísimo, pero a quien busque unas buenas risas. Aquel que se tome la religión muy en serio  puede ver en esta reinterpretación de las dos figuras sagradas una blasfemia. Simplemente es una parodia inocente y divertida que, francamente, a ellos, si existieran, les haría reir.  Pero si la vida de Brian te ha parecido una aberración NO LO LEAS,  porque este es un retrato cómico de ambos dioses que por cierto, están muy bien contextualizados por un autor que se ha esforzado y ha hecho un gran trabajo de investigación en cuanto a las enseñanzas del cristianismo y del budismo. 

Nivel de molaridad: 7,5  (le pondría un ocho porque ellos son coquetísimos, pero es que es un poco caro para lo finito que es, pese a la cubierta tan bonita)

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