Después de Barrio Lejano, este es el segundo manga al que nos enfrentamos los miembros del CLC. Si bien el sector más joven del club son verdaderos expertos en la materia, el sector má(s)duro siempre tuvo reticencias a la hora de embarcarse en este tipo de tebeos. ¿Por qué?. Por infinidad de razones: las más sinceras hablaban del desconocimiento y las más beligerantes simplemente no hablan. Sin embargo, como abogamos por la lectura y el conocimiento de cualquier tipo de historieta, veamos que nos deparan las pesadillas de Otomo; el creador del manga por antonomasia, Akira.

Una vez que te adentras en el bloque de edificios donde transcurren los sucesos de la obra, escrita en fasciculos allá por 1980 y considerada por los expertos como la primera gran obra adulta del autor, te das cuenta de que estás ante una gran historia. La sensación que transmite desde la primera página es la soledad. Una soledad que se hace aún más patente cuando, hábilmente, se entrecruzan planos medios y cortos con planos generales. Jugando con el lector, llevándolo a su terreno, pasando del vacío como protagonista a la inabarcabilidad de un megaedificio brutalista preparado para aplastarte, en cualquier momento, como un insecto.

Si en las obras de terror decimonónicas el ambiente decrépito de las estancias, la falta de luz, las inclemencias del tiempo y la distancia hacía que te revolvieses incómodamente en tú sillón; aquí es, precisamente, todo lo contrario lo que produce tu malestar. Los edificios modernos te hacen sentir pequeño, la amplitud de espacios evocan la necesidad de esconderse, las luces solitarias de las habitaciones parecen esconder más secretos que la inmensidad de la noche… La deshumanización de la vida es la que produce la verdadera sensación de desasosiego.

Si a esto sumamos el, también bien elegido, estricto blanco y negro de todo el libro, podemos decir que estamos ante una obra maestra de terror psicológico paranormal. Y eso que ni siquiera hemos hablado del guión. No importa. El gran aliciente de este cómic es precisamente esa dureza visual e impactante. Aunque su guión raro, desnudo, áspero y salvaje actúa como nexo de unión para hacer que nos precipitemos, junto a los verdaderos protagonistas de la historia (Cho-san y Etsuko), en una batalla sin fin hacia el final del libro. Una lucha encarnizada que, como el juego más macabro, decidirá cual de los dos niños (el anciano sádico o la niña racional) es el poseedor del mayor poder psíquico imaginable. Una lucha encarnizada que nos provocará emoción, tensión, repulsa, dolor, ansias de venganza… Una lucha encarnizada que nos devuelve el placer de leer de cómics.

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