“Vinte e cinco anos chegan abondo para borrar calquer retrato. Para esvaecerse calquera rastro… Para elminar calquera arrogancia. Estou fora do meu tempo ou, se cadra, o tempo de fora non contaba comigo. Volvo. Pero volvo a un mundo que xa non existe.”

En blanco y negro puro, como las ilustraciones de esta BD, transcurre la vida de Mamed Casanova, el último bandolero español y protagonista absoluto de O fillo da furia. Una vida de luces y sombras cuyo fin, que coincide paradójicamente con el principio del cómic, se recoge en las primeras palabras que habéis leido.

Un fin que no hace más que evidenciar el proceso de cambio, no solo de un hombre que ha vivido su vida “al margen de la ley”, sino de la estructura política y social de la Galicia de finales del s. XIX y principios del XX. Una Galicia masacrada por la emigración y enterrada en un caciquismo feudalista donde la figura de un hombre, que no encaja ni en un sitio ni en el otro, se convierte: en el halo de esperanza de un pueblo sumido en la desesperación y en el principal problema de aquellos que, a través del miedo y el dinero, gobiernan las vidas de los demás.

No penséis en un moderno Robin Hood a la gallega; esta, como todas las buenas historias, se forjó casi por casualidad. Los desafortunados hechos que elevaron a Toribio (mote por el que se conocía a Mamed) al nivel de leyenda no tienen nada que ver con el romanticismo que se suele atribuir a este tipo de personajes. Fue más bien su carácter áspero, su dureza, su naturaleza rebelde, su fuerza descomunal y su odio a las mentiras de la clase alta las que convirtieron a un delincuente de poca monta en un mito.

Un mito que, también entre claroscuros, se mueve entre la leyenda, las hazañas y la realidad. Una historia que, en la oscuridad de la noche, nos transporta As grañas do sor , O casino de Origueira, A parroquia de Freixo, a los montes… una vida que, distando mucho de ser ejemplar, fue un ejemplo de coraje para todos aquellos que pedían a gritos un cambio.

 

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