Aún recuerdo la primera vez que leí Ghost World. Era un poco mayor que las protagonistas del libro, Enid y Rebecca, acababa de terminar mis estudios y no tenía ni idea de lo que iba a hacer con mi vida. Invadido por esa extraña sensación de ser demasiado mayor como para no plantearte tu futuro y demasiado joven como para decidir sobre el, devoré la historia intentando, en vano, encontrar una vía rápida hacia la vida adulta.

Y no la encontré!!. A pesar de que yo también vivía en mi propio “mundo fantasmal” mi ego adolescente no encontró ningún punto de unión con los devenires de lo que, en esa época, consideraba una lectura de chicas para chicas.

Como si los problemas existenciales entendieran de sexo, pasé los últimos 14 años disfrutando de otras obras de Daniel Clowes sin darle una segunda oportunidad a estas dos entrañables adolescentes frikis. Pero que equivocado estaba. No fue hasta esta segunda lectura, casi obligada por el club, cuando me di cuenta de la verdadera magnitud de este cómic, de que la historia de mi adolescencia coincide con la de Doppelmeyer y Coleslaw.

Una adolescencia marcada por una pregunta: ¿Quién soy?. Sin detenerse a mirar, en ningún momento, a todos esos personajes deleznables que ya son (El empresario punki, el obispo pedófilo…) y que conforman un demoledor retrato del hombre moderno; nuestras chicas pelean por no convertirse en unas patéticas sombras de ellas mismas. Por no ser como esos hombres y mujeres, paradigmas de la sociedad actual, que, carentes de principios y con un enorme vacío existencial, intentan llenar sus vidas con el color azul (que por cierto, es el único color que usa Clowes) que desprende su televisor.

Una adolescencia marcada por un sentimiento: La soledad. Mientras elucubran teorías conspiratorias, críticas absolutamente destructivas  y odio desmesurado a lo convencional, celebran la victoria que supone de la despreocupación. Sin querer ver que, en realidad, se sienten incomunicadas en el mundo de la comunicación.

Una adolescencia marcada por la lucha existencial, vivida por el lector como una intrusión a conciencia en el diario de dos adolescentes, que el autor utiliza para desengranar la sociedad americana actual y todo su patetismo e incongruencia.

Cuatro años. Es el tiempo que tardó Clowes en realizar su obra. Catorce años. Toda una vida. Que tiempo necesitas tú para decidir en que mundo quieres vivir?. Yo, desde hoy mismo, me quedo en el fantasmal.

Vívelo en tu biblioteca favorita.

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