Increíble!!!

Es la primera palabra que te viene a la cabeza después de paparte las más de 1300 páginas de este cómic. 1300 páginas que se pasan en un suspiro cuando es el Dios del Manga el que guioniza y dibuja. Y es que cuando los astros se alinean para que llegue a nuestras manos un tebeo de tal densidad de páginas, un autor con un sobrenombre tan potente y una historia tan rompedora como la que nos ofrece Adolf; sabes que ha llegado la hora de apagar el móvil, prepararte un termo enorme de café y despedirte del mundo por unas cuantas horas.

Nuestros lectores más avispados o aquellos a los que no les acaba de entrar por el rabillo del ojo el mundo manga, dirán: “pero si es una historia de nazis, que no se habrá dicho ya de ellos”. Pues, TODO!!!.

Es muy fácil que, con nuestro bagaje lector, lo primero que se nos venga a la cabeza sea Maus, cuando lo único que comparte con la obra de Spiegelman es parte del contexto histórico. Más allá de eso, Adolf no es una historia autobiográfica, ni un ejercicio terapéutico en el que el autor visita/ahuyenta fantasmas del pasado y mucho menos se trata el tema desde un punto de vista maniqueo y/o político-ideológico. Adolf es simplemente una historia con mayúsculas; narrada de manera exquisita tanto a nivel visual como de guión, en donde el autor experimenta con los límites del tebeo para ofrecer a sus lectores un papel activo en la narración. De esta manera, a través de un medio que aún se estaba abriendo hueco, la novela gráfica, Tezuka abre el camino a un nuevo tipo de lector, el omnisciente. Un lector consciente, adulto e inteligente al que los recursos narrativos (elipsis gráfica, interrelación de personajes…), los giros de la trama, la complejidad del argumento y de las tramas subyacentes, la deliberada utilización de las perspectivas gráficas y los espacios en la viñeta…, suponen, en este manga en particular y en todo este tipo de obras en general, el reto necesario para que la lectura suponga un auténtico placer intelectual.

Paradójicamente, el estilo gráfico de Tezuka, claramente influenciado por la factoría Disney y en blanco y negro, desvirtúa y condiciona la lectura de sus obras a los no iniciados. No seas escéptico, una vez que te acostumbres a esta diferencia de estilo te inmiscuirás, no solo con esta sino con todas las obras del El Dios del Manga, de lleno en un retrato filosófico, psicológico, antropológico, histórico y social sobre la búsqueda infinita del hombre por encontrarse a si mismo.

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