El 30 de noviembre nos deja Shigueru Mizuki (1922-2015) el mangaka que llenó sus obras de horror y seres sobrenaturales. Nuestro mejor homenaje es reeditar una reseña que hicimos en este blog en el año 2010 sobre una de sus mejores obras:


 

Portada del manga Nonnonba

NonNonBâ es un manga espléndido.

Y la reseña podría ser ésta, punto y pelota. Pero mis compañeros podrían pensar que lo que yo tengo es mucha cara y pocas ganas de trabajar, así que comienzo de nuevo: NonNonBâ es una espléndida autobiografía que  nos presenta el universo ficticio de Mizuki Shigeru, oculto tras los avatares de un niño de nombre  Mizuke. Las historias que se nos narran  transcurren en una aldea del Japón de la preguerra y se centra en las vicisitudes de Mizuke y de NonNonBâ, una cariñosa  anciana que camina entre lo real y lo supuestamente fabuloso.

En ocasiones, algunos usuarios de nuestras bibliotecas acuden al mostrador a devolver libros quejándose de que “no cuentan nada” depositando con disgusto sobre la madera obras coronadas por su calidad literaria. Yo no voy a adoctrinar acerca de lo que es bueno y lo que no, pero para evitar caras de caniche sí quiero advertiros de lo que os vais a encontrar:un manga voluminoso donde las viñetas no precisan  contar algo a toda costa. Los capítulos avanzan según el ritmo de la vida y tienen el sabor de los recuerdos de la infancia, porque los niños siempre son críos aunque el país donde se desarrolle la acción nos resulte más exótico. Así, las vivencias de Mizuke, dulces y amargas, se describen expuestas sin urgencia ni, ¡oh maravilla! (aprende, Chester Brown), ombliguismo

El argumento.

El libro está estructurado en dos partes, donde las amistades y los primeros amores  armonizan con los yokai, fantasmas y espíritus de la mitología japonesa, seres fascinantes que atraviesan la ficción para intervenir en la realidad de los protagonistas. Precisamente es NonNonBâ quien traduce las intervenciones de losyokai, porque antes de queMizuke sea capaz de entenderse con alguno de ellos es la anciana quien los revela y quien alimenta la febril imaginación deShige. Pero lejos de ser experiencias místicas, el conocimiento de NonNonBâ se basa en el pragmatismo y en consejos para apaciguarlos, con el fin de asegurar una convivencia pacífica entre los dos mundos.

No sólo NonNonBâ ejerce de maestra para con Mizuke: también su optimista y epicúreo padre ejecuta un importante papel de mentor ante las vicisitudes de la vida. Pero Mizuke no aprende solo: nosotros recordamos con él lecciones que están latentes en nuestra mente como las tablas de multiplicar, pero que a veces se nos olvidan (aunque quizá sería más acertado especificar que hay que rescatarlas no tanto de la memoria como del espíritu). Una de las más hermosas es que los que nos han dejado se aposentan en el alma como los posos del café, transformándose en parte de lo que somos.

La ilustración.

Mizuki evoca los recuerdos de su infancia plasmando en color las primeras páginas de una historia que, además de ser la suya, es un homenaje a “las cosas que no vemos  pero existen”. Al igual que la narración, que oscila entre el humor y el drama, el estilo del dibujo que recrea el Japón de la preguerra es de línea naturalista, precisa, oscura y detallada.  Es un dibujo que se mueve y se expande a través de las páginas: los trazos cobran vida para que llegue a nuestros oídos el canto de las cigarras y el viento susurrando entre las ramas de los árboles. En cambio, la representación de los yokai es mucho más libre porque así es el mundo de los espíritus, tenebroso, expresivo y en ocasiones, caricaturesco.

Estamos ante  un trabajo donde late la iniciación en la vida de un joven Murata, pero que es realmente una presentación pública que Shigeru nos hace de la fuente donde bebe su inspiración.

En resumen: NonNonBâ es un manga espléndido.


 

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