Obras Eisner en bibliotecasAquí estamos de nuevo con nuestro análisis post club de lectura. Y es que el último miércoles de marzo estuvimos comentando y re-descubriendo la trayectoria profesional de uno de los grandes del cómic, Will Eisner. Por supuesto, no podíamos faltar a la cita con uno de los artistas más grandes del noveno arte sin exponer sobre la mesa su extensísima obra. Por ello estuvimos los primeros 15-20 minutos deleitándonos con Spirit, La vida en viñetas, Fagín el Judío, sus adaptaciones de Moby Dick y El quijote… y un sinfín de obras más que nos descubrieron, no sólo lo prolífica que es su obra, sino lo atrevida, rompedora y, sobre todo, diversa que es. Una autentica gozada poder comparar, gracias al acceso inmediato a gran parte de su obra, la evolución gráfica y de composición de página, las obras en tono sepia con las coloreadas, diferentes versiones de una misma obra… Pero sobre todo, hacerse eco de la experimentación y la continua búsqueda de nuevos medios narrativos con los que Eisner redefinió, no solo su obra sino también el medio.

Entre tanta experimentación y expectación nos entró el hambre, por lo que, en la escasa hora que nos quedaba de charla, nos dedicamos a devorar intrínsecamente y con enorme avidez las ilustraciones con el fin de refrescar en nuestra mente cada una de sus historias. Nos sorprendimos de la cantidad de referencias históricas, biográficas y bibliográficas que cada uno encontró y, que sin ser necesariamente las mismas, compartió con el resto para avivar aún más el entusiasmo de comentar una obra cuyo sobrenombre, “La primera novela gráfica de la historia”, ya daría para interminables horas de charla. Pero mientras debatíamos acerca de las temáticas reconocibles, y no tanto, del cómic nos dimos cuenta de lo inabarcable que se antoja la obra de Eisner. Y es que, aún con dos horas más nos habría sido imposible analizar un cómic, excesivamente coral -como la vida del propio autor-, en el que los pequeños detalles son la clave para entenderlo en su totalidad. Titubeando ante la sensación de quedarnos sin tiempo y con la falta de tregua que nos carateriza, cada unx de nosotrxs comenzamos a diseccionar la historia de la Avenida Dropsie que nos había calado más. De nuevo estupefacción al comprobar que, a pesar de unirnos el mismo amor por los tebeos, a cada uno nos marcó una historia diferente ya que el carácter global de las situaciones que le ocurren a sus personajes dotan a cada una de sus viñetas un carácter atemporal difícil de igualar. Estas situaciones reconocibles y reconocidas en unx mismx  hacen que te sientas identificado enseguida con cada uno de los personajes, incluso con aquellos que te resultan insoportables, y el desarrollo de la acción gráfica, con una influencia teatral muy clara, se convierte en la clave de la autoidentificación narrativa. Por ello, las imágenes se erigen como las verdaderas protagonistas de las historias, ya no sólo por lo explicado anteriormente sino por su tremenda originalidad en cuanto a la selección de planos, disposición de la viñeta, inserción del texto, juegos gráficos narrativos… que reflejan por una parte, la gran capacidad de Eisner para reinventar cada una de sus historias y por otra, la tremenda exigencia intelectual de este para sus lectores. Unxs lectores que no podremos volver a mirar los cómics con los mismos ojos

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