Club de lectura de cómicsSabíamos de antemano que Pyonyang iba a ser una obra dura de comentar, así que antes de meternos de lleno en su análisis decidimos presentar las novedades recién adquiridas. Éstas, basadas a su vez en las recomendaciones de los libreros especializados de nuestra ciudad, mantuvieron a nuestros integrantes muy ocupados durante una buena parte de la sesión. Y no es para menos, ya que pertenecer al CLC te permite llevarte prestadas, en primicia, las nuevas adquisiciones de la biblioteca. Por ello hay que remirar las nuevas obras y hacerte con las más  apetecibles.

Muchas de estas novedades pertenecían al género superheroico y, como nos encanta el cómic americano, no tardamos en divagar acerca de la nueva era de películas Marvel y su trillada comercialidad. Para terminar la ronda de presentaciones sacamos a relucir más cómics del autor como: Crónicas birmanas, Crónicas de Jerusalén, Guía del mal padre… y por qué no, también obras relacionadas (novelas y cómics) con los temas que íbamos a tratar. Así: 1984, El club de la lucha, Divergente, Persépolis, Portugal, Cuadernos de viaje, Soy Leyenda… pasaron por nuestras manos para recordarnos que era hora de enfrentarnos a Guy Delisle.

Cuando comenzamos a hablar de su obra nos dimos cuenta en seguida de que su análisis sería completamente diferente dependiendo del plano lector utilizado: Bien basado en el disfrute de leer y conocer nuevas historias o en la objetividad y el sentido crítico. Si nos quedamos con el primero tendríamos una una historia distendida, bastante bien escrita, con muchas partes que nos hacen esbozar una sonrisa y a la vez nos incitan a la reflexión, con una línea de ilustración amigable, reconocible y clara; en definitiva, con una buena obra sin grandes pretensiones. Sin embargo en el segundo nos encontramos con algo completamente diferente; con una obra en la que, como ya dijimos en su reseña, Delisle muestra desde el primer momento sus prejuicios en un tono condescendiente. Y, ¿Con qué versión se quedaron los miembros de nuestro Club?. Pues, por suerte, nos quedamos con ambas lo que produjo que mantuviésemos un debate muy interesante.

Con las dos bazas sobre la mesa, destacamos el paralelismo existente (y no sabemos si premeditado) entre el hermetismo de Régimen Norcoreano y el del propio autor. Uno se intuye a través de las peripecias que le pasan al protagonista (aunque no profundiza en nada en concreto) y el otro viene dado por su tono descreído y su complejo de superioridad. Este, emulando a las novelas clásicas, se establece en pos de la posesión absoluta de la verdad y no profundiza en el sentir general del País.

Este paralelismo nos llevó al tema principal del cómic, un tema muy general del que se empapa, en todos los aspectos, la obra: Como se comporta Occidente en Oriente. En términos generales se intuye a Occidente como una gran empresa que ve en Corea del Norte mano de obra barata a la que pagar, literalmente, con sacos de arroz. Sin embargo, es Corea del Norte la que se aprovecha de su supuesta apertura de fronteras y su papel de víctima (en la batalla Capitalismo contra el mundo) para someter y anular los derechos de su población. A partir de ahí obtenemos un sinsentido de clichés, por ambos lados, en cuanto a convivencia cultural. Así, se nos muestran: bares, restaurantes, fiestas… totalmente occidentalizados y exclusivos para extranjeros; visitas guiadas de carácter muy cerrado a megamonumentos con simbología comunista; la exaltación de la libertad individual a través de la situación privilegiada de extranjero; el culto exacerbado a la persona… sin ningún atisbo de profundidad.

El debate fue tal que no nos dió tiempo ni de comentar el apartado gráfico. Si que hicimos, por ser último día, un tercer tiempo plagado de risas y buen rollo con el que nos despedimos… Hasta el curso que viene.

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