Recomiendo fervientemente este tebeo a padres y educadores. Con él, podréis explorar con los niños la profundidad de esta novela gráfica, que pese a que la trama central recae sobre las tribulaciones de Anya y su fantasma,  realmente nos explica cómo se siente una niña en la pubertad. 

El argumento.

El fantasma de Anya, de Vera Brosgol

Anya es el típico personaje que al lector le cae bien, aunque  ella misma tenga problemas por hacer amigos en esa tierra hostil que es el instituto.  Podemos empatizar con una adolescente normal  y corriente que intenta buscar un estilo visitiendo y que tiene problemas para mantener a raya los kilos de más. Anya es una estudiante más en un tebeo donde no hay animadoras, ni tribus urbanas. Todo más realista y menos estandarizado de lo que nos venden en el Disney Channel.

Pero Anya siente que lo tiene más difícil que el resto porque proviene de una familia de inmigrantes. Sin embargo lleva tantos años en EEUU que ya es una chica americana; ha superado el acento, se viste como el grosso de las jóvenes del instituto y como buena adolescente se avergüenza de su cultura primigenia (acortando su apellido o despreciando a un compañero de su mismo origen, algo que se  al final del tebeo con un poquito de moralina. Está claro que Vera Brosgol sintió culpabilidad por dejar al pobre chico estudioso en manos de los liantes de clase)

Tras una mañana tormentosa,  Anya cae en un pozo.  Aterrorizada, comprueba que en él hay un esqueleto. Es más… los huesitos tienen dueño: una dicharachera fantasma.  El espíritu le cuenta a Anya que es la víctima de un crimen atroz, y la estudiante siente pena por ella. Lo que no se espera es que poco a poco Emily, que así se llama el fantasma, será su aliada en la vida cotidiana .Y hasta aquí puedo leer, porque no quiero hacer spoilers del final curioso  con el que concluye el tebeo, que se va desvelando poco a poco como una auténtica historia de miedo.

La ilustración

La sencillez de los dibujos, sus líneas sencillas y el estilo limpio, con un toque naif, complementan el  argumento a la perfección. La distribución de las viñetas es fluída, ordenada. La suavidad de los colores hace que toda la obra tenga una lectura  compacta.  A su vez, Anya se ilustra de forma que nos permite saber  que está un poquito alejada del ideal cultural norteamericano, pero que se esfuerza en arreglarse para ser una más en el instituto, aunque es bonita en su particularidad.

Te encantará si te gustó: Chino Americano

Molaridad total!

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