Principios del siglo XX: La pequeña Tomoji  crece en un entorno sencillo,rodeada  de cariño.  Trabaja en la tienda familiar, ayudando hasta donde puede.  Pero la tragedia se ceba con la familia Uchida : el padre muere cuando Tomoji apenas cuenta con cuatro años de edad y su madre los abandona poco tiempo después  – esto de ser mami reciente es una lata, siempre fui empática pero ahora se me parte el corazón- . Tomoji, su hermano y su abuela siguen adelante, pese a la desgracia que apuñaló sus vidas.  Es entonces cuando la visita del fotógrafo Fumiaki Ito cambiará la de Tomoji para siempre.

La narración.

Jiro Taniguchi  es un maestro de la novela gráfica actual. Pocos consiguen darle tal profundidad e intensidad a los personajes,  ilustrados y contextualizados con tanto detalle que cargan, como Atlas, con el peso del mundo y de la historia.  Pero en esta ocasión el mérito lo comparte con Miwako Ogihara , ya que Taniguchi le pidió colaborar en la escritura del texto para poder centrarse en el dibujo. Con la lectura de Tomoji se nos llenan los ojos de cotidianía, de esos pequeños detalles de la vida rural que hacen que sea laboriosa pero un regalo para la espiritualidad. Taniguchi y Ogihara no nos transmiten la trayectoria vital de el famoso matrimonio Tomoji y Fumiaki , sino que nos hablan de cómo  Tomoji alcanza la madurez a través de su vida sencilla y de sus seres queridos.

La  ilustración.

Con la sinestesia de las viñetas podemos escuchar el canto de las cigarras , pero también el silencio de la mujer tranquila.  El metódico Taniguchi provoca que  hagamos pausas entre las páginas para cerrar los ojos y pensar en lo que hemos leído, en los personajes y sus sentires, en sus vidas y sus decisiones. Este arraigo al  mundo campestre, laborioso pero bucólico y apacible,  se alza sobre nosotros como  la ola de Hokusai, con esa fuerza y esa paz  que tanto necesitamos para aplacar los demonios internos que nos torturan en estos tiempos desmoralizadores.

Conclusión: Como siempre, una obra excelsa y trascendente del maestro Taniguchi, que recomiendo desde la admiración más profunda.

Indice de Molaridad: un 9 como un templo budista

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