aqui-vivioVivimos en una sociedad empeñada en hacer que la palabras pierdan el significado. Aprendemos de nuestros mayores, desde niños, a no expresarnos, a no decir lo que realmente pensamos, a no tomarnos el tiempo necesario para reflexionar en lo que vamos a decir y/o a expresarnos a destiempo. Aprendemos a esconder nuestro verdadero yo tras nuestro propio discurso. Enmascarando, poco a poco y través de un sinfín de letras, la imagen conceptual de todo lo que nos rodea. Reduciendo a lo más simple los conceptos más complejos. Manipulándolos hasta el punto de ofrecer una información tan contradictoria que nos permite esconder nuestros miedos y frustraciones tras ellos.

Las palabras son importantes. Y no solo por lo que representan sino por como las tratamos. A veces, olvidamos deliberadamente algunas, utilizamos demasiado otras, tergiversamos la verdad de muchas… creando una confusión semántica generalizada que actúa en beneficio de lo que nos venden como correcto. Y es que la verdad de las palabras duele y resulta tan incómoda como la historia que duerme en las páginas de esta novela gráfica. Una obra de BD que guarda, sin siquiera nombrarla, una de las palabras más olvidadas y castigadas por su propio significado: Vacío.

El vacío es una pantalla en blanco, la falta de algo/alguien importante, la no existencia, la ausencia… La nada. ¿Os podéis llegar a imaginar un espacio que no tenga absolutamente nada?; ¿ni siquiera olor, color, ni aire?. El vacío es solitario, incómodo y aterrador porque no queremos vernos inmersos en él. El vacío es la desesperanza, la tristeza y la soledad que nos esperan a la vuelta de cada esquina. Y sin embargo, el vacío es también útil; una “tabula rasa” esperando a ser llenada de conocimientos, es la ilusión de crear y/o dejar huella en algo/alguien que se asoma por primera vez al mundo, es el comienzo y a la vez el fin (con la cantidad de posibilidades que nos ofrece tanto una como otra).

Si me tengo que quedar con el tema fundamental del cómic, me quedaría con este: el vacío. El vacío existencial de una preadolescente a la que le ha tocado hacerse mayor demasiado deprisa. Una crisis absoluta en la que se ve obligada a dejar todo atrás (su padre, su casa, su colegio, sus amigxs…) por la separación de sus padres. Una situación que hace que se refugie en el diario de una de las anteriores inquilinas del recién comprado piso que ahora habita. Así, viviendo a través de una vida que no es la suya, se encuentra con otra persona que vive en el vacío: la antigua propietaria de la vivienda. Una anciana que, desahuciada por una ley que solo beneficia a las entidades bancarias, ha perdido también la relación con su único hijo y desamparada y sola decide volver al lugar que alguna vez ha llamado hogar. Ambas comienzan así la historia que desean vivir: una nueva vida para Ali y la vida tal cual había dejado unos meses/años atrás, antes de que todo cambiase para que todo siguiese igual, para Carmen.

A partir de aquí la historia nos muestra toda la crudeza de una situación, por desgracia, cada vez más común en los tiempos que corren. Una historia en la que nos encontramos con gran multitud de “vacíos”: el vacío burocrático en el que nadie se erige como responsable de la situación de la señora Carmen (ni bancos que solo velan por sus intereses, ni las crueles leyes que dictan sentencias sin atisbo de humanidad, ni lxs jueces que dictan esas leyes, ni los miembros del orden que las ejecutan…) para mostrarnos el verdadero vacío social que produce la palabra deshaucio. Una palabra incómoda que hemos tergiversado hasta el extremo para eximirnos de cualquier tipo de culpa. Así, las frases hechas: “viviendo por encima de sus posibilidades”, “no se le puso la pistola en el pecho a nadie”, “no hemos engañado a nadie” o “estoy cumpliendo con mi deber” se han convertido en una especie de retahíla mediática que trata de esconder una estafa de proporciones épicas. Y mientras tanto, dejándonos ensordecer por los gritos de los que menos tienen que perder, el resto de la sociedad miramos para otro lado. Pero siempre hay alguien dispuesto a ejercer de abogado del diablo; y así es como Ali se va integrando en la PAH (Plataforma Afectados por la Hipoteca), para emprender con ellos un camino en el que fin y principio intercambian posiciones. Encontrando, así, el hueco con el que llenar su corazón su corazón deshabitado.

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