bellamuerteNunca son demasiadas. Ni las horas, convertidas en días, meses y años, que llevas perdiéndote (y muchas veces encontrándote) entre tomos y tomos de cómics; ni la capacidad que tiene el medio para sorprenderte. Nunca son demasiadas las veces que te emocionas a cada página, que te cabreas por la espera de ese tomo que no llega a tiempo a las librerías, que decides inclinarte más hacia la lectura del texto de cierta obra, a la ilustración de cierta otra, o a las dos de “esa” que siempre está esperándote en la estantería de tu casa. Nunca son demasiadas las teorías que elaboras sobre esos tebeos aún inconclusos o aquellos que te gustaría que no hubiesen acabado jamás. Nunca son demasiadas las historias que te obligan a conocer, aún mejor, el universo de la BD; que provocan un clic en tu cabeza para determinar tus gustos lectores y acabar forjando tu propia manera de ver el mundo.

Nunca son demasiadas. Como nunca lo son también, las diferentes maneras de analizar una misma obra. Y si hay una que se debería tratar desde infinidad de puntos diferentes, esa es Bella Muerte. Por ello, aprovechando la expo de la Fundación Luís Seoane y la propia visita de Emma Ríos a nuestra biblioteca, decidimos que la obra, en la que comparte galones con Sue DeConnick, sería la ideal para analizar en nuestro Club de lectura. Así no se nos escaparía ni la más mínima sutileza de su narrativa compleja y apasionante.

Y es que si hay algún adjetivo que pueda calificar Bella Muerte, que no lo hay, APASIONANTE sería uno de los que más se le acerca. Apasionante, pero a la vez extraña, cruel y compleja (visual y narrativamente hablando), la historia comienza como un western clásico, que parece impregnado del aura visual y estilística de Sam Peckinpah o Sergio Leone, para irse transformando, poco a poco, en una obra sobrenatural en donde predominan los pasajes oníricos con tintes mitológicos. A partir de ahí todo vale y a medida que avanzas páginas, a pesar de no conseguir identificar/descodificar todo el poderío de tintes épicos que impregna cada viñeta, queda patente el enorme esfuerzo conjunto (no me quiero ni imaginar la de horas de Skype y la cantidad de emails cruzados que se tuvieron que intercambiar) por dotar al cómic de un personalísimo estilo, un imaginerío propio y una historia muy diferente a lo que nos tiene acostumbradxs la industria. Si bien es una obra que necesita de varias lecturas para sacarle el máximo jugo, en la primera ya te das cuenta de que estás ante uno de esos tebeos que, con el tiempo, van a marcar un punto de inflexión en el arte de la narrativa gráfica. Sobre todo, a través de esa deliberada creación/desvirtualización/reconstrucción del ambiente que hace que, a la vez, se te nuble la vista y te quedes embobado. Esa misma que te crea una mezcla de desasosiego, desconcierto y admiración que pocos cómics, aún a día de hoy, consiguen. Pero vamos por partes:

El texto de DeConnick es simplemente perfecto. Los diálogos se suceden de manera tan sencilla y natural que, además de trasladarnos a otra época y ponernos inmediatamente en contexto, hacen factible e imprescindible el componente fantástico/mitológico que rodea la historia. No encontraba tal facilidad para hacer creíble lo inverosímil desde “Preacher” de Ennis. Y es que casi sin que te des cuenta, las acciones van desvelando una serie de claves, que pueden parecer inconexas en un principio, que cierran la trama (además de dejarla abierta) de manera magistral. Haciendo que, poco a poco y de manera inexorable, los personajes vayan cogiendo importancia. Jugando con el lector a través de la crueldad y la belleza inherente a cada unx de ellxs para mostrar una personalidad identificable y a la vez inclasificable. Mostrándonos una solidez y una entereza coral que no puede hacer otra cosa que precipitarse irremediablemente hacia su trágico final.

Pero amigxs, si la narrativa de Sue es incisiva, original y creíble; la de Emma es el gozo visual es estado puro. El motivo por el cual esta obra no es buena sino sublime. El diseño de personajes, su fisonomía, sus facciones, sus expresiones, su presencia escénica, sus líneas cinéticas… TODO, está tan sumamente cuidado y medido que parece que, de un momento a otro, las viñetas fueran a salir disparadas. Como si estuvieras delante de la pantalla de tu televisor viendo una película de acción en 3D, la disposición de página y los planos dan tal versatilidad narrativa y aportan tal consciencia a la trama que la espectacularidad de las ilustraciones, no desdibuja, sino que, enriquece la historia. Creando, de esta manera, una enorme sensación de bloque; como si la obra fuese planificada, escrita e ilustrada por una misma persona.

Pero la cosa no queda ahí, estamos ante la maduración narrativa (aunque esperamos que cada vez vaya a más), estilística y personal de una autora que ha sabido mezclar todas sus influencias (el manga, el tebeo de autor, el cómic americano…) añadiéndole su propio toque mágico y personal. Magia que adquiere su punto álgido en viñetas en donde la acción se desenvuelve hasta en tres planos de la realidad diferentes, completamente independientes entre sí y a la vez con una unidad narrativa muy empastada, que son pura poesía. Recordando por veces al trabajo, estéticamente impecable, de JH Williams III en Promethea pero con una secuencialización dinámica y orgánica mucho mayor.

En pocas palabras, un TEBEAZO IMPRESCINDIBLE.

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