Hay veces que los astros se alinean y sin planear nada sale todo perfecto.

Cuando decidimos que nuestra siguiente lectura iba a ser “Los ignorantes” lo único que tuvimos en cuenta fue la posibilidad de hablar del cómic dentro del cómic; de las referencias marcadas, por el propio Davodeau, en su novela gráfica. Queríamos algo fresco y fácil para terminar el año relajadamente y convenimos que ésta era la obra perfecta para ello. Nunca pensamos en que la puesta en común coincidiría en plenas fiestas navideñas y, mucho menos, que era la lectura ideal para compartir algo más que nuestros pensamientos. Por lo menos no de manera consciente. De ahí nuestra sorpresa cuando de las Navidades y los excesos inherentes a estas, surgió la frase: “La verdad es que dan ganas de tomarte una copa de vino mientras lo lees”. Nos quedamos un rato mirándonos y decidimos que eso era precisamente lo que íbamos a hacer: tomarnos un vino mientras comentábamos los pormenores de la BD.

los-ignorantesSi bien nuestro sueldo no alcanza a comprar ninguno de los vinos del protagonista forzado de la historia, Richard Leroy, ni de gran parte de los probados durante el transcurso de la historia por el autor (cuyos nombres se pueden consultar al finalizar la obra en el apartado “Bebido/Leído”), el caldo degustado se ajustó perfectamente a nuestra lengua para que comentásemos sin tapujos la obra.

Comenzamos, extrañamente, hablando de un nuevo concepto de librerías en las que no sólo recomiendan títulos sino que deciden acompañarlos con un vino determinado. Éstas, siguen la estela dejada por una de las más conocidas en nuestro país: Tipos Infames, una pequeña/gran librería madrileña que es una maravilla para todo buen lector. Por suerte en Coruña tenemos una muy parecida, Berbiriana. Una librería pequeña pero con muy buen gusto tanto para la lectura como para el paladar.

Las librerías dieron paso a la obra. Comenzamos deteniéndonos en el final de la misma; en el apartado que contiene las lecturas que, a lo largo de un año, se leyó Leroy recomendadas por Davodeau. Nos sorprendimos de la cantidad de obras recomendadas que teníamos en la biblioteca (prácticamente todas excepto las no editadas en España) y de que muchas de ellas habían sido también lecturas del Club. Todo lo disponible estaba allí para que se pudiese ver y tocar. Y no sólo las recomendadas en “Bebido/leído”, sino que también pudimos ojear gran parte parte de las obras/autorxs que aparecen mencionadas a lo largo de las páginas para así tener una visión global del panorama comiquil actual, las tendencias y lo que está petando en el país vecino.

Metidos de lleno en el cómic nos preguntamos como surgió la idea de éste: ¿Como fue el proceso de elección del viticultor?, ¿se conocían previamente?, ¿sólo se centró en un determinado tipo de elaboración de vinos?… Nos empezaron a asolar multitud de preguntas hasta que llegamos a la que, sin duda, englobaba a todas las demás. Esa que nos dejó a todos en silencio: ¿De quién fue la idea de su elaboración?, ¿De Davodeau o de Leroy?. A priori, todos pensamos que la idea surgió del propio autor pero, si analizamos detenidamente la repercusión internacional de la novela gráfica, vemos que, aunque los dos salieron ganando, el más beneficiado fue el viticultor que extendió su “pequeño” viñedo a un público que va mucho más allá de prensa especializada.

Otra de las cosas que nos llamó la atención, más por desconocimiento que otra cosa, fue el paralelismo entre los procesos de creación tanto del vino como del cómic. Desconocíamos gran parte del proceso de ambas y nos pareció muy interesante ver como se iban acercando, de manera natural, la ideología que está detrás de dos profesiones tan diferentes. Entendiendo que no todo el proceso vinícola se hace de la misma manera, acuñamos el término “Vino de autor” a aquellos caldos que, como los cómics, se alejan de la producción en masa y buscan aportar algo diferente.

Ya que hablamos de la elaboración no podemos olvidar los fundamentos en los que se basa la producción de Richard, la biodinámica. El método nos lo tomamos con bastante escepticismo pero no generó demasiado debate, así que si a Leroy le funciona por nosotros perfecto.

Lo que más que escepticismo generó sorpresa fue que durante el proceso de elaboración de la novela, que duró más de dos años, Davodeau no obtuvo ningún ingreso. Trabajó gratis para Richard a tiempo completo, excepto un par de incursiones a diferentes salones de cómic, e hizo alguna que otra aparición en su editorial. Suponemos que cobraría derechos y/o un determinado % de la obra que acababa de salir al mercado, “Lulú, mujer desnuda” pero creemos que estos ingresos no son suficientes para vivir dignamente. Esto nos llevó a plantearnos dos cosas: Una, que los ingresos recibidos por su editorial abarcaban también el proceso de creación de la nueva obra y dos, pone una vez más de manifiesto la apuesta del mercado Franco-belga por el cómic de autor.

Por último decir que el título Los ignorantes es un llamamiento para que cada uno de nosotros, duchos en muchos aspectos y completamente ineptos en otros, lejos de estancarnos en nuestra zona de confort, exploremos más allá de nuestras fronteras conocidas para iniciar eso que a la vez nos da tanto miedo como nos apasiona.

Anuncios