Leí hace poco en la prensa una columna que hablaba de escritores con gato. Si hubiese tenido bigotes los habría retorcido, porque no estaba Edward Gorey y Gorey es escritor, es ilustrador y en ambas cosas, un genio. Además no era hombre de un gato; cuidaba de una docena.

Que todo el mundo conozca a Tim Burton pero que Gorey siga estando a media luz me solivianta, ya que Burton se alimentó a lo loco de la cosmogonía siniestra de Gorey. También Lemony Snickett, famoso por su saga “Una serie de catastróficas desdichas”, quien antes de publicar se preguntaba si sería una mala copia del Maestro de lo Macabro. Y, por supuesto, los creadores de South Park, a quienes no les costó prendas largar a los cuatro vientos que las muertes de Kenny son versiones más sangrientas de “los pequeños macabros” o The Gashlycrumb Tinies”, su título original.

Es precisamente el cuento de los “Los pequeños macabros” el más famoso de Gorey. En España ha sido editado por El Zorro Rojo de maneral individual y por Valdermar en el recopilatorio “Amphigorey”. Este relato explica con ilustraciones y versos didácticos la historia de ventiséis niños (cada uno representando una letra del alfabeto) y sus muertes inoportunas. Soy una detractora del mundo políticamente correcto y ya advierto que Gorey no es precisamente para amantes de Mama Cabra o María Fumaça. Asumo que Tim Burton, a pesar de que me gusta, es un Gorey almibarado al que le falta la socarronería negra que a Gorey le sobra. En el caso de los pequeños macabros ese humor proviene de las maneras tan mundanales en las que los nenes mueren (cayendo por las escaleras o comiendo un melocotón). La visión idílica de la infancia de los cuentos actuales y de ClanTVE, a freir monas, socarradas por las ilustraciones de  un Gorey que ilustra las pesadillas de los niños y de los adultos ningún otro -excepto Charles Addams- . Adoro esas dramáticas y fantásticas escenas ásperas, esos paneles inacabados que se ríen de las paranoias absurdas inherentes a mi condición de madre.

Una anécdota personal: cuando leo los libros ilustrados de Gorey, inconscientemente lo hago con la voz de Stephen Fry porque sus relatos de muertes torpes e imprevistas, sus desastres de todo tipo y sus depravaciones exquisitas están narrados con la flema de poetas y novelistas británicos como Abercrombie o MR James , pero con el toque artístico y humorístico que, repito, convierten a Gorey en un particular, hilarante y puñetero genio.

Ve a tu biblioteca y encarga cualquier libro de Edward Gorey , aunque si me permitís la recomendación yo me haría con “Amphigorey”, Amphigorey también”, “Amphigorey de nuevo” y “Amphigorey Además”.  

Indice de molaridad: Un 10. Ojo: ADICTIVO!!!!