Abyss me hizo llorar, porque de pequeña quise ser astronauta. También quería ser cantante y vaya, tuve sobre el escenario de Riazor mis cinco minutos de gloria. Pero la intención de llegar a las estrellas se quedó en el parqué de la salita de la casa de mis padres, allí donde practicaba zancadas amortiguadas por la ausencia de gravedad. Lo cierto es que tampoco hice nada para ser como Pedro Duque pese a ser fan de Carl Sagan. Me pudieron las letras.

Ayer, Orbitador también  hizo que me cayese una lágrima en el bus, porque en lo prosaico de mis viajes de ida y vuelta al trabajo Warren Ellis y Doran me devolvieron el sueño de ser cosmonauta.

El argumento

Orbitador tiene lugar en un descorazonador futuro, en apariencia no muy lejano. Cuando comienza la historia, hace diez años que el último transbordador tripulado, el Venture, se ha perdido en el espacio. Entonces, desde la nada, el transbordador desaparecido vuelve a caer en la Tierra.

Un equipo de trabajadores vestigiales de la NASA se reúne para diseccionar el enigma: el Dr. Terry Marx del equipo de propulsión de la NASA, la Dra. Michelle Robeson del extinto Cuerpo de Astronautas y la psiquiatra aeroespacial Dra. Anna Bracken (que me recuerda a la propia Colleen Doran, oigan). Marx debe determinar cómo, con todas sus limitaciones, el transbordador aterrizó en Marte. Robeson debe discernir la naturaleza del material extraño de piel que cubre la nave y su propósito final. Bracken ha de obtener la confesión del único superviviente vivo encontrado en el Venture, el piloto John Cost. A medida que el equipo se adentra en su cometido, las revelaciones de sus pesquisas y del propio Cost los llevan más allá del asombro.

En Orbitador hay bastante homilía científica, pero Ellis fue avispado y metió al Coronel Bukovic, que al escuchar las explicaciones de los científicos sobre el misterio del Venture, lo reinterpreta a su manera con un lenguaje comprensible para que en mi analfabetismo funcional pueda entenderlo. Lo que no comprendí, lo miré en Internet . Y me resulta verosímil porque quiero creer. Sin embargo , otro personaje que Ellis mete en la historia resulta un pegote cliché; la chica nerd buenorra, sin mayor trascendencia que enamora al doctor guapete. Lástima, tras las maravillosas estampas marcianas de Doran , el último diálogo de los tripulantes me dejó con reflujo por sobredosis de cursilería.

La ilustración

Doran es una ilustradora privilegiada de mano preclara. Cómo expresa las emociones humanas Doran.  Me maravillla ver la luz que empapa al Dr Max al cuando es consciente de la magnitud de sus descubrimientos, esa luz que le desborda, que emana de sus ojos, que me contagia su entusiasmo.  La viñeta de Cost pisando Marte me emocionó hasta dejarme sin aliento. Y me encanta su trabajo de iluminación cambiante, cómo juguetea con las luces y las sombras en los ambientes y en los rostros. No quiero hacer spoiler, pero es inevitable que mencione la destreza de Doran a la hora de plasmar el toque extraterrestre.

Orbiter-Diagram

Es tarde para mí pero el universo está ahí para otra gente, quizá para mis hijos. Y lo mismo piensan Ellis y Doran. Después de la tragedia del Columbia los viajes espaciales tripulados han disminuido porque la NASA aún no se ha recuperado. Por eso Ellis aseguró que su tebeo no es ninguna alegoría, que Orbitador está hecho para volver al espacio frente a la adversidad, porque el cosmos nos está esperando.

Nivel de molaridad: 8

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