Poco después de iniciar la aventura de este blog lloré en un post la muerte de Steve Rogers. Porque me gustaba el Capi. Y Batman. Y Thor. Y el Superman de las Crisis en tierras infinitas. Yo quería ser como ellos, no como esas superheroínas sin trascendencia que nos colocaban en los tebeos. También quería ser Valeria, pero no la de “Clavos Rojos”, otra mujer accesorio del Bárbaro, sino Valeria la de la peli, aunque al final de la misma ofreciese su vida a los espíritus por  salvar al mazas de Conan.  Nunca me identifiqué con Wonder Woman, otra mujer cupcake.  Pero hace unos pocos años, DC le dio poder, alma, vida.  La dama de la TRINIDAD. Yo quiero ser Diana de Themyscira. Las niñas tienen un referente en Diana de Themyscira. Y qué diablos, los niños por fin, también.

 

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Orden de lectura de la saga “Wonder Woman” de Azzarello/Chiang:

1.- Sangre

2.-Agallas

3.-Hierro

4.-Guerra

5.-Carne

6.-Huesos

 

Azzarello + 100 balas = Wonder Woman tiene que ser la caña. Silogismo a tope. Y no me equivoqué.

Este no es el tebeo al uso de una superheroína vs su archienemigo: es el tebeo de una guerrera, de su destreza en la batalla pero también de su espíritu compasivo.

La Wonder Woman de Azzarello/Chiang es una obra de arte que debería de leerse en los institutos, como asegura mi amiga Auri. Porque la WW de  Azzarello omite el universo DC en favor de un universo atemporal de la princesa Diana de Themyscira, una explosión de mitología que nos aturde a los que somos conocedores de los mitos griegos y que sorprendería a los que los desconocen.

 Wonder Woman es el corazón de la saga, pero el desfile de personajes que aparecen en la trama es memorable.  Azzarello reorganiza los dioses olímpicos en un clan disfuncional, una familia carente de cariño construída sobre alianzas y rencores. Así, por ejemplo, resulta muy intrigante este nuevo Hermes ,  pero donde realmente se luce el guionista es en la reinterpretación del dios Guerra (Ares). Es cierto que yo tenía en la cabeza al malogrado Ares de la serie Xena , un tipo tan pérfido como guapo. Pero  Azzarello , en lugar de incidir en la estampa del Dios destructor de alma ponzoñosa –la antítesis de Diana-, aparece como su antiguo y secreto mentor, actualmente un hombre envejecido , alcohólico,  harto de las guerras y  alejado de la política familiar. 

La ilustración de Chiang es inmensa y trata a los personajes femeninos del cómic con el mismo respeto que a las figuras masculinas. Cómo me gustan esos músculos flexionados en las mujeres. Las damas de esta saga resultan tan cautivadoras como los homónimos varones, y sin las vomitivas posturas de pin up “tarta de queso” y los posados culeros gratuítos.

Esta saga de Wonder Woman es una hemorragia de épica, de creatividad e imaginación. Y también de continuidad en su liberación como superheroína e integrante de la Trinidad. Porque Diana no lograba ser un símbolo, por mucho que la vistiesen de barras y estrellas como el Capi  (pero en bañador). WW era una conejita DC, una chica pegote como Lane, Supergirl, como Mary Jane.       –¿Y esta , de quién es novia?, me espetó un usuario al verme catalogar en el mostrador el WW de Alex Ross.  #Mecagoenlasparrochitas. No voy a plasmar aquí lo que pensé, pero sí lo que le contesté: Caballero, a las mujeres no nos hace falta un novio para molar.

Y Wonder Woman lo mola todo. 

 

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