“El Castillo de las Estrellas” es un extraordinario cómic sobre la Tecno-Fi, una de esas historias sobre las que tanto le gustaba escribir a Verne y que gira en torno a las posibilidades de la tecnología  para aprovechar los poderes de la naturaleza y el progreso humano. Ese mestizaje entre las fuerzas desconocidas ajenas al hombre y las portentosas máquinas que sí es capaz de crear hacían realidad el desvarío inicial de un lunático.  Así que, como en las fascinantes novelas de antaño, esto es lo que se nos cuenta en el Castillo de las Estrellas.  Una AVENTURA.

El ARGUMENTO

1868. Científicos como Claire Dulac  (que le familia se apellide como sir Lancelot no es casualidad) sospechan que el espacio está compuesto por éter, una supuesta fuente de energía.  La intrépida Claire emprende un viaje en globo para probar su existencia ,  pero desaparece en el cielo.  Un año más tarde su esposo, también científico, y su hijo Seraphin reciben una carta del mismísimo rey de Babiera invitándoles a su castillo. Maravillosamente,  el rey Ludwig está en posesión del diario de Claire.  Loco para muchos y visionario para unos pocos, desea financiar el viaje en busca del éter porque para este admirador del caballero Perceval ese líquido cósmico sería el combustible necesario para poder explorar el universo.  Pero entre tanto,  Bismarck hará todo lo posible para hacerse con el éter para dominar el mundo, comenzando por el Reino de Baviera. 

Se desarrolla entonces en el Castillo de Roca del Cisne una trama de espionaje y aventura marcada por los acontecimientos históricos de la época, no solamente políticos sino también por la pasión  que se desató en el S XIX por  el progreso industrial y por los avances tecnológicos que permitieron algo inimaginable hasta ese momento: conquistar el espacio.

Verne estaría orgulloso tanto de la trama como del elenco de personajes, especialmente de los tres jovenzuelos sobre los que recae el peso del cómic. A medida que vamos soltando páginas Seraphin Dulac y sus amigos tensarán la línea roja que separa la muerte de la vida y todo por un sueño. Unos críos inteligentes que se dejan seducir por el ideal científico del Rey Ludwig  y se juegan el tipo por el éter, un grial con la forma del recuerdo de Claire.

LA ILUSTRACIÓN

Si bien la historia es buena, con su atmósfera de tiempos agitados y sueños cósmicos,  habría que leerlo aunque sólo fuese por ver la ilustración. El dibujo clásico, realzado con acuarela, es  impresionante. Abundan los colores gris y verde, que le dan un aspecto industrial, pero siempre con contención. Pero también hay azul, un tipo de azul diferente que se suspende en la cabeza cuando se cierran los ojos, ese azul que nos dispara a los cielos de Hayao Miyazaki pero que nos mantiene en la hazaña de unos tipos que quisieron embotellar el éter.

El álbum es excelente. La edición de Norma es de gran calidad, así como el cómic “The Wicked and the Divine” se deshojó a las pocas lecturas y solté maldiciones imperdonables, esta vez la editorial se merece todos los elogios. Además el papel que se ha utilizado para la impresión no es satinado y los colores se perciben con mayor profundidad y riqueza.    

Este tebeo pueden leerlo tanto niños a partir de diez años como adultos. El virtuosismo de la ilustración y el argumento con sus dosis ajustadas de intriga, aventura y ciencia harán de este cómic un álbum no sólo para leer en la biblioteca, sino un gran regalo. Como me acaba de decir una usuaria treintañera que se lo acaba de llevar, extasiada por el dibujo, “es un libro para tener en casa y mirarlo para siempre”.

Índice de molaridad: 9

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