Hemos empezado, hace escasas semanas, una nueva etapa del club de cómics (re)encontrándonos con personas que, después de haberlo abandonado por diferentes motivos, han querido compartir sus lecturas/experiencias con nosotrxs de nuevo. Estxs unidos a todxs lxs que han querido probar una actividad sobre cómics única y diferente en nuestra ciudad, ha hecho que por primera vez en su historia el CLC no disponga de una sola plaza disponible.

Para celebrarlo hemos decido darle un toque diferente, y también un poco gamberro, a nuestra primera sesión: que sean nuestras obras de cómics favoritas las que hablen de nosotros. Con esta carta de presentación pretendimos romper el hielo para que tanto nuevxs como veteranxs, se conociesen un poco mejor a través de sus lecturas favoritas. Para ello, repartimos una hoja a cada participante para que escribiesen, además de su nombre, aquella obra/personaje de cómic que más les haya gustado y/o con el que más se hayan identificado a lo largo de todos estos años. Una vez escrita, por turnos, expusimos el por qué de esa obra. Para los bibliotecarios fue también una muy buena manera de conocer los gustos de nuestrxs miembros para saber, aunque solemos preguntar a final de curso, que obras les interesaría leer y que lecturas recomendarían para el club.

En cuanto a gustos, nos complace decir que tenemos un grupo de lo más ecléctico. Así: Maus, Corto Maltés, Alan Quatermain (en las novelas gráficas que Alan Moore dedico a la Liga de los hombres extraordinarios), Los combates cotidianos, 5 elementos, Emily The Strange, El gourmet solitario, Aya de Yopougon, El invierno del dibujante, Todos los hijos de puta del mundo, Spiderman, Batman, El Joker de La broma asesina… forman parte de la personalidad y/o gustos de nuestrxs miembros por diferentes razones y, después de haber “defendido” tan vehementemente cada uno de sus tebeos, una parte de ellxs también ha calado en nosotros. Mientras comentábamos cada uno de los cómics que se “recomendaban” salían cada vez más títulos que, o bien ya habíamos leído en el club: V de Vendetta, La balada del mar salado, Barrio Lejano, El faro, Batman: año 1…; o de autor(xs) que nos encantan: Arrugas, Los surcos del azar, Watchmen, Nemi… Después de echarnos unas buenas risas y obtener el ambiente distendido que buscábamos, empezamos con Paracuellos.

Y empezamos, por primera vez, por el principio: por el prólogo de Juan Marsé. Uno de los más lúcidos críticos de la postguerra civil española. Un novelista que nació en la misma época que Carlos Giménez y que también vivió en sus carnes gran parte de las historias que vienen reflejadas en el libro. Un hombre que recuerda, y nos recuerda, lo duro que es tener madurar antes de tiempo.

Después del prólogo tuvimos un apasionado debate sobre la educación en nuestro país. Contábamos para ello con dos nuevxs integrantes que son profesores y que nos contaron, a través de anécdotas personales, el lastre que supuso para tantas generaciones la educación de aquella época. Una educación fragmentada, impartida por gente afín al partido, sin ningún tipo de conocimientos teóricos, que simplemente repetía, como un mantra, aquello que les habían obligado a pensar. Un tipo de educación, con base estrictamente militar, que se basa en la máxima “Memoria y olvido”. por desgracia, este proceso repetitivo de adoctrinamiento se sigue usando en las aulas para enseñar las materias, en vez de despertar la curiosidad en alumnado hacia determinados temas y/o tener en cuenta y explotar sus capacidades innatas para su propio beneficio.

Después de tocar el plano educacional nos vimos en la obligación de hablar de las penurias a las que lleva la guerra. El hambre y la miseria que suceden al bienestar de un sector privilegiado del país. Bajo el lema “A festa é o comer” nos dimos cuentas de que el no tener satisfechas las necesidades básicas agudiza el ingenio y que el “estado de bienestar” nos induce al conformismo.

Pero como no va a ser todo amargura, vimos con ilusión como se recuperan “espacios que albergaban dolor y sufrimiento y se tornan en un lugar para la creación y el pensamiento libre”. Espacios que, como la cárcel Provincial de A Coruña, han sido recuperados para darle un nuevo uso libre de crueldad.

Si Proxecto cárcere abrió las vías del optimismo hacia una obra dura y cruel, éste no lo abandonaríamos hasta el final de la sesión. Charlando apasionadamente de la evolución – no evolución – del dibujo, vimos como éste se tornaba un poco más amable y más caricaturesco; como iba ganando peso en la narración hasta despuntar en el sexto tomo. Un tomo en el que fondo y forma están tan bien ensamblados que nos transporta a otro tiempo y a otro espacio para vivir, con alma de niñx, la verdadera vida de la España de la postguerra.

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