Qué mal rollo genera «Paletos Cabrones». Qué desasosiego, qué incomodidad. Pero qué bueno es este cómic.

Al conocer a Earl Tubbs, su protagonista, una se imagina a un Clint Eastwood , un tipo al que las circunstáncias lo aúpan como a un héroe reacio a serlo.

La historia se inicia de forma familiar. Desde la Odisea de Homero, cuántas novelas y películas no habremos visto sobre personas que vuelven a su ciudad natal y se tienen que enfrentar, a su pesar, con los fantasmas del pasado. Eso le sucede a Earl Tubbs, que retorna al Condado de Craw y se encuentra un lugar más terrible que el que abandonó cuando se alistó en el ejército para luchar en Vietnam. Y ahora regresa a ese sitio enfermizo,depravado,corrupto. Un pueblo infame dirigido por el entrenador de fútbol de la escuela secundaria, un mafioso de segunda fila que ordena palizas, asesinatos y organiza el tráfico de drogas. Lo de siempre, pero con una carga tal de violencia y perversidad que deja mal cuerpo y peor mente. Mola, pero no es para sensibleros.

La ilustración de Latour es buena, muy buena. Los diseños de los personajes arrojan personalidad. De hecho, nada más abrir el tebeo una se encuentra con una declaración de intenciones tremenda, y ya puede oler el aire pestilente que invade Craw. Apenas pasando dos hojas ya se le coge cariño (y sobre todo, respeto) al viejo Earl/Eastwood, un tipo de aire estoico y cabello cano. Cuerpos tatuados, rostros desfigurados. Cuando se desata la violencia, las escenas vuelan ante mis ojos y el arte cobra vida, salpicando sangre y escupiendo onomatopeyas que retumban como el trueno que hace de señal divina para que todo explote.

Lo que menos me ha gustado es la traducción del cómic. ¿En qué diablos estaban pensando los de Planeta para llamarle “Paletos cabrones” a un tebeo que originalmente se titula Southern Bastards?

En fin, pese al título mediocre, no dejéis de leer esta brutal serie de angustia y nostalgia.

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