El curso pasado decidimos releer, a través de una votación hecha por los propios miembros del club, algunos de los tebeos que habían formado parte del CLC en años anteriores. Maus fue una de esas primeras lecturas y, sin saber muy bien como, estábamos seguros de que sería uno de los cómics que revisitaríamos este año. Los motivos: ser una de las obras de referencia para cualquiera que se denomine fan de las viñetas y la atemporalidad de una historia que sigue aportando cosas nuevas con cada lectura y sorprendiendo con su planteamiento. Empezamos.

Lo primero que tenemos que decir de Maus es que no es un cómic amigable; y mucho menos un tebeo para leer a menudo. Es una historia dura a través de unas ilustraciones aún más duras; que si bien pueden parecer infantiles en su planteamiento inicial, se tornan crudas cuando entendemos todo el simbolismo que rodea a esos personajes antropomórficos. No queremos ahondar en los atributos preconcebidos de cada uno de ellos, ya que cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero si que deberíamos alabar el deliberado propósito de la elección de los mismos. Aunque lo verdaderamente importante para la historia sería la utilización del color y el diseño de personajes.

Y es que es, precisamente, el blanco y negro puro y las líneas esquemáticas que utiliza Art, lo que envuelve al cómic en un ambiente desasosegante y opresor que ocupa los dos planos narrativos. Así, a nivel visual, las dos historias que se entremezclan (la historia de Vladek y Art como padre e hijo y la del propio Vladek sobreviviendo a Auschwitz) conviven en el mismo ambiente. O dicho de otra manera, contienen la misma carga emocional para el autor.

Este paralelismo visual nos avisa de que vamos a encontrar mucho más que una historia sobre los campos de concentración y la 2ª Guerra Mundial. De hecho, una vez que nos inmiscuímos más profundamente en la historia de la familia Spiegelman, nos damos cuenta de la complejidad que albergan los dos planos y de lo bien que casan en fondo y forma a través de la relación vida-muerte/pasado-presente.

Así, Vladek, muerto en vida en el tiempo presente, anhela tener la relación que le hizo sentir vivo en el pasado: su antigua esposa. Para conseguirla intenta aferrarse a lo único que le queda de esa época, su hijo. Art, sin embargo, no quiere que su pasado, empañado por la muerte de su madre, sobrevuele de nuevo su conciencia. Por eso anula a su padre como persona convirtiéndolo en datos sobre su libro.

A partir de ahí, y con el poder del recuerdo como hilo conductor, vemos, sin tapujos la repercusión, a nivel físico y psicológico, de ser uno de los “afortunados” de sobrevivir a la guerra.