Todxs los que me conocéis sabéis que V de vendetta siempre ha sido, con permiso de The Sandman de Neil Gaiman, mi cómic preferido. Desde la primera vez que lo leí, hará unos 18 años, se ha convertido en uno de los pilares en los que se erigen, ya no sólo mi colección de cómics, sino parte de mi vida y mi conciencia social y política. Y es que este tebeo te golpea en la cara con una realidad incómoda que, de asirla, cambiará para siempre tu concepción de la realidad. Te obliga, a base de pensamiento crítico, a cuestionarte, ya no la sociedad distópica en la que transcurre la BD, sino en lo que se puede llegar a convertir el mundo en el que vives; si no lo ha hecho ya. Te invita a reflexionar sobre el concepto de libertad, sobre la necesidad o no de ésta y sobre el verdadero germen en el que erigir su estandarte: tu propia revolución individual.

Es esta revolución individual la que actúa, sin quererlo, como eje principal de la novela y sobre ella se van ramificando el resto de temáticas. Así: el autoritarismo, el estado policial, la conciencia de clase, la manipulación de la información, el control de masas, la política del miedo, el anarquismo, la injusticia… no tienen sentido sin ésta; y ésta no tiene sentido sin la deconstrucción del individuo. Una deconstrucción que, amparada en el ideal punk “destruye lo que te destruye”, y alimentada por la esperanza, va forjando los cimientos de un nuevo paradigma de pensamiento social: La libertad se basa en dejar de temer.

A través de este concepto, vemos el proceso de desaprendizaje del sujeto que se convertirá en la personificación de la libertad y su relación con su mentor. Un personaje que, a través de un despiadado, oscuro y elaborado plan de venganza, despierta a la sociedad de su letargo. Un no-líder que, después de haber vencido al miedo, encamina al pueblo a recuperar aquello que habían perdido: sus propias vidas.

Esta sublevación hacia unx mismx y, por ende, hacia todo lo establecido anteriormente, queda aún más patente si nos detenemos a analizar el apartado gráfico de la obra. En él, a diferencia de la mayoría de los cómics coetáneos, nos encontramos con una gama de colores fríos, con presencia de sombras sin escala de grises, que entroncan perfectamente con el tono sombrío de la historia. La disposición de página y las viñetas de corte sucio y repletas de información suponen también un paso adelante en estilo que, además de apoyar la idea general de la trama, exhortan la posibilidad de volver al simplismo efectista imperante. Y el trazo roto y desquebrajado con el que se nos presenta a la ciudad, los ambientes y los personajes; nos descubre que la esperanza aparece cuando más perdidx te sientes.