UN CÓMIC PARA NIÑOS, PERO UN CÓMIC PARA TODOS.

Texto de Mathieu Reynès. Ilustración de Valérie Vernay.

Norma Editorial.

Aunque pueda parecer más una hipótesis poética que una teoría científica real (aunque los padres que hemos visto tropecientas veces Frozen II ya no sabemos a qué atenernos), en los años 80, el médico francés  Jacques Benveniste  aseguró que el agua tiene memoria: guardaría en sí misma la huella de todos los elementos que alguna vez la atravesaron.  Benveniste atravesó un vía crucis porque sus compañeros científicos denostaron sus investigaciones, que fueron retomadas años después por el profesor Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina en 2008, ahí es nada, y expuestas en el documental “la Memoria del Agua” (2014).

Ya veis que la comunidad científica no se pone de acuerdo en este asunto, pero en cambio todos nosotros sí tenemos nuestra propia memoria del agua, que es a donde nos remite este tebeo, a los preciosos recuerdos de los momentos que discurrieron en las aguas de los mares, ríos y pantanos; las aguas de nuestra infancia.

Cubierta del cómic 
(Edición integral)
Cubierta del cómic La Memoria del Agua, de Norma Editorial

El argumento

Tras la muerte de la madre de Caroline, ella y su hija Marion se mudan desde la ciudad a la casa que heredan en la costa francesa.  Caroline abandonó el pueblo cuando era niña, pero pronto se hace con las gentes de la aldea y consigue un trabajo en el restaurante local.  Marion, que me recuerda a mi adorada Hilda (la protagonista de los tebeos de Luke Pearson) tiene la edad suficiente como para que su madre la deje salir a pasear por su cuenta pero sigue siendo una niña, una chiquilla que se muere de ganas de explorar su nuevo entorno. En el radio de su casa descubre el helor del mar,  la amabilidad de los lugareños,  a  un enigmático farero y lo que más le inquieta: unas extrañas marcas talladas en las rocas que jalonan el litoral.

 Marion decide investigar el asunto de las piedras melladas; lo que para ella comienza como un entretenimiento en la vida desacelerada del pequeño pueblo pesquero se convierte en una explosión de mitos y de rumores, tan presentes en las villas pequeñas donde la gente es afable con los visitantes pero que guarda en su círculo interior un secreto centenario y hermético. 

La ilustración

Qué bonito es el arte de Valérie Vernay, oigan. Vernay captura la luz de la costa y nos la devuelve rutilante, veraniega, azul. Las viñetas nos entran por los ojos para hacernos partícipes del comienzo ilusionante del pequeño núcleo familiar, pero a medida que avanza la  historia también lo hacen las viñetas,  que modifican sus colores como herramienta narrativa.  Las formas de las nubes, las tonalidades del campo, del cielo, de las casas y del mar nos van incluyendo gradualmente  en la extrañeza de los acontecimientos, desembocando en un final sombrío, en una ola de leyendas centerarias. 

En resumidas cuentas…

Este cómic lo tenemos en la sección de «amarillos», es decir, está pensado para chicos y chicas que estrenan su adolescencia. Conociendo el género que eligen de forma masiva en las plataformas de entretenimiento, sé que les encantará.

Pero a los adultos también les recomiendo su disfute. De verdad. A los que llevamos decenas de años leyendo tebeos, novelas y etiquetas de gel el desenlace de este producto que cabalga entre la realidad y el folklore no va a sorprendernos, pero sabe a verano y a nostalgia, así que vamos a encontrarnos a gusto en su ilustración y en su lectura. 

Indice de molaridad: 7

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