La tetería, fue una de las cinco obras elegidas en el 2013 para comenzar con esta aventura llamada CLC -esa ida de olla capitaneada por dos lectores de tebeos trastornados que se reúne los últimos miércoles de cada mes para diseccionar, hasta dejarlo hecho menos que migajas, un mismo tebeo-. Ya de aquellas, su lectura nos dejó un maravilloso sabor de boca, y así se lo hicimos ver al propio Rubín en el encuentro que tuvimos con él como cierre de ese año. Será que es imposible que la mezcla demoledora de la poesía de su trazo y la melancolía de su guion, deje indiferente a nadie… que hasta el jurado del Saló del Cómic De Barcelona quedó prendado de la obra y la nominó, allá por el 2007, a cuatro de sus categorías más importantes: Mejor guion, mejor obra, mejor dibujo y mejor autor revelación. Por desgracia, Rubín sólo pudo hacerse con el último galardón; aunque éste sirvió como punto de inflexión en su carrera y a partir de ahí empezó a trabajar y depurar aún más su estilo hasta convertirse en lo que es hoy en día… Uno de los mejores historietistas de nuestro país. Llénense de coraje, abran su corazón y asistan a este maravilloso espectáculo llamado “La tetería del Oso Malayo”.

Un espectáculo que abruma nada más abrir la primera página, ya que en ella nos encontramos parte del imaginerio visual que, a lo largo de los años, ha acompañado al autor en el resto de sus obras -enredaderas, tuercas, fuego/humo, el interior de sus personajes…-. Así, a medida que pasas páginas e historias vas descubriendo, sin siquiera leer una sola palabra, el gran talento narrativo que posee David. A través de su novedosa manera de distribuir la página, del diseño de lugares y personajes, del uso de la perspectiva, de como intercala las metáforas visuales… nos damos cuenta de que el magnífico espectáculo visual que estamos viendo se convertirá, sin duda, en el eje central del cómic. Rubín es consciente de ello, por eso redibujó algunas páginas e incluso historias enteras para darle coherencia gráfica al álbum. Recordemos que “La tetería” es una compilación de historias cortas que fueron apareciendo en diferentes revistas y fanzines -sobre todo en la ya desaparecida Dos Veces Breve-, a lo largo de varios años.

Pero, de que va la tetería?. Va de derrota, de desamor y de soledad. Va de melancolía, fragilidad y cotidianidad. Va de nuevas oportunidades y de esperanza. Va de conocerse a uno mismo… Y también va de Sigfrido, el propietario de una tetería que actúa como hilo conductor de todas las historias. Un personaje que es muchos personajes a la vez. Tabernero, amigo, asesor, celestino…, y un Freud postmoderno que ha tenido que escapar para poder reinventarse a sí mismo. Un personaje que se dedica a alimentar la esperanza de las personas que visitan su “consultorio psicoanímico camuflado”.

Pero aunque Sigfrido se encuentre en el centro de la trama, el cómic es, en realidad, un vaivén de personajes -muchos de ellos a medio camino entre la realidad y la ficción- que se encuentran en un corto, pero a la vez largo camino de (re)construcción. Personajes cuyas vidas han sido marcadas por diferentes tragedias cotidianas y que se enmarcan dentro de un capítulo autoconclusivo tan bien narrado que, con sólo leer unas cuantas páginas, el corazón se te encoge y te sale del pecho. Personajes muy interesantes por separado, pero aún más en conjunto ya que cada unx bebe literariamente de diferentes fuentes y demuestra la capacidad que tiene Rubín de enfrentarse a cualquier personaje de cualquier género. Personajes que hacen confluyir el: Humor, antibelicismo, una road-movie llena de acción, historias de superhéroes, amor y, sobre todo, desamor… en una misma unidad llena de poesía y amargura. En un todo lleno de vida.