A lo largo de todos estos años, el CLC nos ha dado muchas alegrías. Algunas en formato de risas y/o reflexión y muchas en formato cartoné. Estas últimas son las que más hemos disfrutado ya que no hay mayor satisfacción que leer un cómic/autor del nunca habías oído hablar y que te encante; que es lo que nos ha pasado con la lectura de este mes -Stuck Rubber Baby: Mundos diferentes de Howard Cruse-. Un cómic que llegó a nuestras manos sin ningún tipo de referencia previa, que hemos leído casi por necesidad y que nos ha volado la cabeza desde la primera página. Veamos por qué:

Pues primeramente, por lo bien narrada que está, por lo fácil y adictiva que es su lectura, por la trascendencia de su temática y por sus personajes. Unos personajes que envuelven la obra en un espectáculo coral difícil de ver en cómics de este tipo. Personajes tan diferentes entre sí, tan bien definidos y verosímiles que cuesta creer que, a la vez, se alejen tanto de cada uno de sus arquetipos. Personajes que encuentra el valor como no héroes. Gente normal que toma buenas y malas decisiones intentando encajar en un mundo que se desmorona. Gente como nosotrxs.

Pero, si el gran valor del cómic es lo bien definidos que están los personajes; es en la época y en el lugar en donde transcurre la acción donde todo toma forma. Una época rupturista, de cambio, en donde la gran lucha es avanzar o quedarse estanco; los años 60 del sur de EEUU.

Una época que busca inherentemente un cambio social y en la que Cruse mezcla, intercala, complementa y estalla en un éxodo de inconformismo: los movimientos contraculturales y sociales, las ideas progresistas, la sensación latente de victoria en cada lucha…. Y, a la vez, en un hermoso paralelismo narrativo, hace hincapié en el estancamiento personal y la búsqueda de la propia identidad de los personajes que luchan por una sociedad más igualitaria.

Esta dualidad hace que cuanto mayores son sus victorias colectivas peores son sus derrotas personales, transformando un cómic social en una no auto/biografía cruda, dura, convulsa, desgarradora y, por desgracia, muy real.

Por si aún no tenéis ganas de leerla, deciros que, en 1996, ganó el premio a la crítica de Angouleme, además de el Eisner y el Harvey a la mejor novela gráfica. Casi nada.