Esta tarde arranca nuevamente el Club de Lectura de Cómics y no podemos tener más ganas de que empiece, ya no sólo por el tebeazo que comentaremos en la sesión sino porque después de más de un año volveremos a la presencialidad. Las pantallas, los fallos de conexión y adecentarse de cintura para arriba darán paso, de nuevo, al ambiente distendido y el sentimiento de conexión que genera el calor humano. Pero nuestras sesiones no serían nada sin grandes obras de las que hablar, por eso, hoy tenemos ante nosotrxs… la Mejor Obra del Saló de Cómic de Barcelona 2017: Jamás tendré 20 años. Un tebeo de postguerra en donde los ideales, la lucha y el valor se acaban convirtiendo en miedo, odio y pragmatismo. Una historia de vida que lejos de ser aislada, ha sido el día a día de las miles de familias que después de perder la guerra tuvieron que sobrevivir a la paz.

Jaime Martín abarca varias épocas de la vida de sus abuelos -desde antes de conocerse hasta un pequeño/gran recuerdo de su infancia a finales de los 70- en las que, sin buscar la lágrima fácil ni el drama por el drama, documenta, a través de la globalidad del individuo, uno de los episodios más trágicos de la historia de nuestro país.

A través de una narración con una mesura innata y con grandes dosis de humor negro, consigue crear un todo a través de dos partes muy bien diferenciadas: una más visceral/cruda (final de la guerra civil) y otra más emocional y práctica (postguerra). Dos partes que se ayudan, que se aportan coherencia, amplitud y se complementan a pesar de que funcionen perfectamente a nivel individual.

Dos partes, un todo… que forma parte del legado que, a través de sacrificio y necesidad, ha forjado a la familia del autor y, por ende, su propio devenir. Un legado que, amparado por la represión y alimentado por el miedo, hizo de la supervivencia el camino a seguir. Un camino marcado por el estraperlo, la capacidad de inventiva y la ayuda comunitaria. Un camino marcado por el horror, el hambre y la miseria.

Un camino que, a pesar de ser tan diferente al que hemos recorrido los hijos de la transición, no debemos olvidar. Como no debemos olvidar esta novela gráfica/regalo familiar que, a través de una especie de justicia kármica, devuelve la dignidad, la memoria y la razón a todxs aquellxs a los que el fascismo les arrebató, literal y figuradamente, algo más que sus propios sueños.