Texto e ilustración de Giulia Pex sobre un relato de David Coltri.

Liana Editorial

Estamos bien. Nos ha caído encima una pandemia mundial, pero nos ha tocado vivir en el lado acolchado de esta historia. Aún no hemos recuperado la normalidad pero ansiamos lo que conocimos y lo que sabemos que regresará, así que reclamamos movernos, quitarnos la mascarilla, abrazarnos. Porque estamos bien. Algunos con más arañazos que otros, pero vivimos.  Estamos bien.  Hacemos cola por sentarnos en una terraza y tomar una cerveza.  Gastamos gasolina para caminar sobre la arena de la playa. Es lícito. Tenemos un mantra. Estamos bien.

Pero hay países en el mundo que arden, que se desangran con sus gentes, que sufren mientras nosotros nos encapsulamos en la comodidad de lo que ahora llamamos el disfrute de las pequeñas cosas. Al otro lado de la pantalla del móvil ni nos salpica la sangre ni las llamas producen ampollas. Esas otras personas, como nosotros, no han elegido  ese destino que ha caído sobre ellos como los cuervos tras la batalla, porque el azar nos acompaña desde que nacemos hasta que somos el  niño muerto de la camiseta roja que parece dormir en la orilla del mar.

El argumento

Khalat es una muchacha kurda catapultada fuera de Siria. Khalat, que soñaba con terminar la universidad, que fantaseaba con su profesor de francés y cuyo ocio era leer a Prévert,  cae en el vórtice de un viaje donde lo esencial no es invisible a los ojos, sino algo tangible : “ropa de cambio, chaqueta para el invierno, zapatos cómodos, un móvil viejo pero resistente y el poco dinero que tenía”.  La vida en una viñeta con un jersey doblado. La esperanza en unas manos que aferran una maleta.

Khalat comienza un éxodo lleno de desafíos e incertezas. De Siria a Turquía, Grecia ,Macedonia, Serbia , Hungría, Alemania.  Vive en los caminos, en un campamento de refugiados y finalmente,  encuentra una nueva patria y un apartamento al que llamar “hogar”.

La ilustración

La huida y las circunstancias de la joven Khalat fueron recogidas por David Coltri, un italiano afincado en Beirut, que compiló en un libro las historias reales de las personas que, creyendo como nosotros en la letanía del “estamos bien”, se vieron abocadas a un viacrucis del que no todos salieron con vida.  Giulia Pex  quiso adaptarla al cómic y lo hizo con mucha sensibilidad , con un uso preciso del color, extrayendo momentos de la vida de Khalat con la habilidad de una cirujana, aunque a veces lo que omite es todavía más terrible que lo que muestra. Su trazo es delicado, y el color pastel se integra de forma asombrosa en las viñetas que aparecen y desaparecen para profundizar en el sentido de la historia.

En resumidas cuentas…

Es un tebeo maravilloso, un cuaderno de bitácora apto también para quien no está acostumbrado a leer cómics. Fancomiqueros, se vive mejor cerrando los ojos, pero para convertirnos en mejores personas (esas que íbamos a ser después de esta plaga de proporciones bíblicas), debemos sentir la inmensidad del dolor ajeno. Como las penas de Khalat.

Índice de molaridad: 9

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